miércoles, 2 de abril de 2014

SOBRE LA IMPOSIBILIDAD DE ENTENDERSE

Meses atrás fui con dos amigos ingleses a visitar Villanueva de los Infantes. Nos guió solícita y amable mi compañera Mercedes, que trabaja en esa hermosa ciudad. Gracias a ella pudimos acceder a lugares cerrados en ese entorno de increíble belleza.

Visitamos la que fuera la última estancia de Quevedo, sobre el que tanto se ha escrito y más, que han sometido sus pobres huesos a la prueba del ADN, como si eso añadiera o quitara algo a la importancia de su figura.

Allí vivió sus últimos años; en una celda con un poyo sobre el que echar un jergón. Allí murió. En la estancia puede leerse una placa, escrita con caligrafía de siglos atrás, donde se explica que fuera ese su último lugar. Junto a la placa, un poema; un soneto fúnebre de extraordinaria perfección literaria. Mis amigos estaban perplejos; no es que no entendieran el español, que no lo entienden, es que no eran capaces de entender lo que se les explicaba. Quizás desorientados por la figura de Quevedo y su época.

Creo que era Machado quien decía que resultaba imposible aprender otro idioma, pero yo, torpe de mi, intenté traducir el soneto al inglés sobre la marcha. Entendieron todo; que era un poema triste de alguien que presiente su muerte, la acepta, la espera y pide que por ella Dios le ofrezca una vía de escape que le llevara a la paz.

La misma imposibilidad de entenderse encontramos en muchas traducciones al castellano que no son fieles, ni en el título ni en el texto, a la intención del nativo. Es el caso de la traducción de Chukryi de su más importante novela (al jobz al-hafi) que se tradujo, quizás desde el francés, por "Pan desnudo" que no significa nada en castellano, pues quiere decir "Pan a secas", o sea, lo que come un hambriento que vive mal y solo de ese alimento. De lo que va la novela; de las hambres de una suerte de nuevo Lázaro del Rif que fuera el gran Mohammed Chukryi. Ya en el título hay problemas para traducir cuatro palabras.

Vuelvo a mi visita del hermoso lugar que es Infantes.

Los dos hermanos, porque mis amigos ingleses son hermanos, quedaron confundidos por el contenido del soneto. Diré en mi contra que todo no fue, en realidad, más que un vano despropósito; efectivamente, no se puede traducir a Quevedo. Se pierden sentidos, ritmos, rimas, figuras... musicalidad.

Al salir, les expliqué que, no obstante, antes de morir, el escritor fue visitado por un amigo que le informó de que el sepelio ya estaba organizado, y tras unas honras fúnebres como es debido y antes del cristiano entierro, había pensado en que hubiera música, pero no sabía, el buen amigo, cómo pagar a los instrumentistas. El poeta, al parecer, contestó:

---"La música páguela quien la escuche"

---"Great!", dijo uno de mis amigos. Esbozando una sonrisa, los dos hermanos se miraban en un lenguaje no verbal que yo no hubiera entendido nunca. Ese esbozo de sonrisa circunspecta se corresponde a nuestra abierta carcajada y encaja mucho y bien con la mala leche de Quevedo, su postrer socarronería y esa actitud de muchos británicos que tomándote  en serio se están cachondeando de ti.

Pretensión vana la mía, porque quise traducir y explicar  un soneto que ni siquiera un español no habituado a la alta literatura puede saborear en todos sus matices. Yo lo dejo más abajo, para que quienes quieran disfruten de su hermosa tristeza:

"Ya formidable y espantoso suena,
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.
Si agradable descanso,paz serena
la muerte,en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.
¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar, piadosa, viene
espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene;
hálleme agradecido, no asustado;
mi vida acabe y mi vivir ordene."

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