Platón, en su obra "El banquete", se refiere a unos personajes mitológicos, con anteriores y variadas referencias literarias, llamados "andróginos". En la edad dorada, los seres humanos eran hombres, mujeres o andróginos, unos tipos redondos unidos por el vientre, con dos sexos, una cabeza con dos caras y cuatro extremidades. Los andróginos podían tener dos sexos iguales o diferentes.
Andrógino viene de una composición de la palabra hombre y mujer en griego, formando una sola.
Estos seres eran de una fuerza increible y llegaron a enfrentarse a los dioses, por lo que Zeus los partió en canal, separando sus dos mitades y convirtiéndolos en seres humanos corrientes; aunque pensó antes en exterminar a toda la humanidad, no lo hizo por no quedarse sin quiénes le adoraran.
Desde entonces, una parte de la humanidad pasa la vida buscando a otra parte de la misma, o sea, a su otra mitad. Hombres que buscan mujeres, mujeres que buscan hombres, hombres que buscan hombres y mujeres que buscan mujeres.
El concepto existe en muchas culturas, los franceses llaman a ese amor perfecto "la mitad", los alemanes y los ingleses "la mejor mitad", los italianos la "media manzana" y los españoles "la media naranja".
Hablando de la naranja y de las vueltas de las palabras y las ideas que representan en el tiempo, el vocablo es árabe (náransh es naranjo y náransha es el fruto) pero referido a la naranja amarga. La palabra pasó a muchas lenguas de Europa, referida al fruto, pero a unos paises con el nombre de la planta y a otros con el de la fruta (naranja, laranja, arancia o bien orange desde al francés a otras lenguas).
La pequeña naranja dulce se llama "tangerine" en francés, nosotros la llamamos mandarina, por su origen chino. Tangerina es porque fue en Tánger donde la sembraron por primera vez los portugueses, pues era esa ciudad una colonia lusitana allá por el final de la edad media y, curiosamente, en árabe hoy mandarina se dice "shina" o "burtiqal", o sea, China o Portugal, ya sea referida al origen o su primer lugar de cultivo occidental.
Las ideas y las palabras cruzan los países y el tiempo; a veces vuelven. La gente se cree muy diversa pero tiene mucho más en común de lo que supone.
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