Hoy empieza la Semana Santa. Es una manifestación de religiosidad popular variada, mezclada de sentimientos, creencias, expresiones artísticas en las que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
En este punto, o crees o no crees. Hay una tercera opción, crees pero de otra manera, o sea, dudas.
Yo no pretendo más que compartir algunas reflexiones de pasada con los amigos que me honran leyendo este blog, y todo, como siempre, desde la perspectiva personal y la vertiente humana de este importante misterio, que es la expresión de religiosidad más importante de nuestro país.
La fuente histórica que nos refiere la buena noticia es el Nuevo Testamento (buena noticia o evanguelion en griego). Sobre los libros que lo componen (libros y cartas, más los Hechos de los Apóstoles que podría ser una segunda parte del Evangelio de Lucas) no podemos sino referirnos, según la dogmática histórico-científica laica, a la tradición.
Según Piñero, una reconocida autoridad acedémica laica en la materia, es incuestionable que el Jesús histórico existió, aunque autores como Puente Ojea y otros hablan de que simplemente fue un mito. Incluso hay quien dice que no fue más que la transposición de la figura de Apolonio de Tiana que conocemos a través de Filóstrato, un personaje de su época; una especie de héroe actual que era capaz de sanar y hacer milagros. Esto a mi no me preocupa, me vale más lo que se aprende de la figura, incluso dudando de su historicidad, que perderme en disquisiciones histórico-filológicas por lo que luego diré. Se cuestiona incluso la historicidad de Pitágoras, pero fuera como se llamara si es que existiera, sus conocimientos son de una indudable utilidad.
Que el Jesús histórico existiera pues, es admitido por la inmensa mayoría de los historiadores y filólogos; en lo que ya no hay acuerdo es en la interpretación que después se hiciera de su figura. Para la mayoría de los científicos era un rabino de provincias, fiel cumplidor de la Ley pero, dentro de las variadas corrientes del judaísmo del siglo I, pertenecía a una que admitía la resurrección de los muertos y la necesaria preparación para la venida del fin de los tiempos, que resultaría inminente. Hasta el siglo III hubo una obsesión en interpretar literalmente el fin del mundo y fueron muchos los apocalipsis que se escribieron, aunque solo el de Juan (de cuya vida los historiadores saben poco más) se ha tomado como texto sagrado por la Iglesia Católica.
Lo cierto es que en el Evangelio se hace referencia al fin de los tiempos que sería inminente, incluso en la misma generación de los que vivieron por entonces. De ahí la urgencia a no preocuparse por lo mundano sino a estar preparado para la venida del Mesías que liberaría al pueblo elegido. Según la dogmática alemana solo así se puede entender, encuadrar históricamente, la figura de Jesús y desde esa perspectiva comprender su mensaje que sería el de la urgencia por la llegada del día del juicio, para encontrarse entre los salvos escasos que pasarían la prueba, los que serían unos elegidos de entre los judíos; o sea, como si fuera una especie de mensaje nacionalista más de los que existían a la sazón. El sermón de la Montaña, las Bienaventuranzas, no serían tal vez más que un mensaje de liberación para un pueblo oprimido que iba a ser liberado para vivir en un reino de justicia.
La fuente histórica que nos refiere la buena noticia es el Nuevo Testamento (buena noticia o evanguelion en griego). Sobre los libros que lo componen (libros y cartas, más los Hechos de los Apóstoles que podría ser una segunda parte del Evangelio de Lucas) no podemos sino referirnos, según la dogmática histórico-científica laica, a la tradición.
Según Piñero, una reconocida autoridad acedémica laica en la materia, es incuestionable que el Jesús histórico existió, aunque autores como Puente Ojea y otros hablan de que simplemente fue un mito. Incluso hay quien dice que no fue más que la transposición de la figura de Apolonio de Tiana que conocemos a través de Filóstrato, un personaje de su época; una especie de héroe actual que era capaz de sanar y hacer milagros. Esto a mi no me preocupa, me vale más lo que se aprende de la figura, incluso dudando de su historicidad, que perderme en disquisiciones histórico-filológicas por lo que luego diré. Se cuestiona incluso la historicidad de Pitágoras, pero fuera como se llamara si es que existiera, sus conocimientos son de una indudable utilidad.
Que el Jesús histórico existiera pues, es admitido por la inmensa mayoría de los historiadores y filólogos; en lo que ya no hay acuerdo es en la interpretación que después se hiciera de su figura. Para la mayoría de los científicos era un rabino de provincias, fiel cumplidor de la Ley pero, dentro de las variadas corrientes del judaísmo del siglo I, pertenecía a una que admitía la resurrección de los muertos y la necesaria preparación para la venida del fin de los tiempos, que resultaría inminente. Hasta el siglo III hubo una obsesión en interpretar literalmente el fin del mundo y fueron muchos los apocalipsis que se escribieron, aunque solo el de Juan (de cuya vida los historiadores saben poco más) se ha tomado como texto sagrado por la Iglesia Católica.
Lo cierto es que en el Evangelio se hace referencia al fin de los tiempos que sería inminente, incluso en la misma generación de los que vivieron por entonces. De ahí la urgencia a no preocuparse por lo mundano sino a estar preparado para la venida del Mesías que liberaría al pueblo elegido. Según la dogmática alemana solo así se puede entender, encuadrar históricamente, la figura de Jesús y desde esa perspectiva comprender su mensaje que sería el de la urgencia por la llegada del día del juicio, para encontrarse entre los salvos escasos que pasarían la prueba, los que serían unos elegidos de entre los judíos; o sea, como si fuera una especie de mensaje nacionalista más de los que existían a la sazón. El sermón de la Montaña, las Bienaventuranzas, no serían tal vez más que un mensaje de liberación para un pueblo oprimido que iba a ser liberado para vivir en un reino de justicia.
En la crucifixión, pena muy difundida en la antigüedad, se aplicó un proceso penal romano denominado "cognitio extra ordinem" que sería una especie de Juicio Rápido para ejecutar al reo.
A mi me conmueve la soledad del hombre ante la muerte y su pregunta por el abandono de Dios. No hay expresión más intensamente íntima que el miedo a la muerte y al abandono; en estas palabras se contiene la necesidad que todos tenemos de amor y de protección. En arameo traducido al griego, sabemos que el crucificado, quizás rezando el salmo 22 que iba cumpliéndose en su agonía a partir del versículo 22, iba preparándose para el final de su vida y pregunta a Dios porqué le ha abandonado (es llamativo que tal vez podría traducirse "para qué" me has abandonado, --"Elohi, Elohi, lema shabaqtani"-- pues la transliteración al griego desde el arameo, o el hebreo, no nos permite tener la certeza sobre la lengua original en que se pronunciaron, si fue en la primaria del salmo o el la vernácula que hablaban los judíos del siglo I; es algo así como sucede con nuestras Jarchas, que al transliterarlas del romance al árabe faltan sonidos y no sabemos exactamente qué dijeran estos poemas hermosísimos en lengua románica y no por eso dejamos de admirar su impactante y sencilla belleza, igual que es increiblemente intenso el dramatismo de la agonía del considerado Hijo de Dios que, a ojos del hombre de hoy, o duda del auxilio de su padre al ver cerca la muerte o reza un salmo preparándose para ella como cualquier mortal.
Fue Pablo de Tarso, cuyas cartas serían los textos más antiguos del Evangelio, quien hizo ese mensaje de liberación más amplio, al incorporar al cristianismo a los gentiles, que tal vez fuera algo así al principio como una secta judía. El vehículo de transmisión de la noticia fue la lengua griega koiné, utilizada por autores de origen semita. En este sentido, todo el contenido moral de los evangelios como sucesos históricos, debieran entenderse también ,según Pablo, desde la provisionalidad, en tanto se esperaba la cercana "parusía", o segunda venida del Cristo (palabra griega que sustituye a la hebrea Mesías), pero incorporando a los gentiles al movimiento religioso, promoviendo así la expansión del mensaje, basándose posiblemente en las Leyes de Noé, que permitía extender el pacto con Dios a miembros no estrictamente judíos.
A mi no me importa mucho lo que durante siglos ha sido un debate inacabable sobre cuáles son los textos canónicos; si el Evangelio de Marcos es anterior a Mateo y Lucas y si tenían que ser solo cuatro, para que se cumpliera lo dicho por Ezequiel en el Antiguo Testamento. Se toma hoy por bueno el texto en griego de Nestle y Aland, el cual cada año se vuelve a matizar en su traducción por la dogmática alemana en una inacabable reinterpretación filológica del texto que poco o nada quita al mensaje central del mismo. Que haya una fuente anterior perdida, de "logia" o dichos de Cristo, la cual sería la fuente de los sinópticos (El evangelio Q perdido o Quelle en alemán, fuente) me parece de una importancia relativa, porque la filología histórica va depurando estas hipótesis y últimamente algunos cuestionan este evangelio perdido, aunque otros, tras la aparición del Evangelio de Tomás en Nag Hammadi, mantienen que los textos no eran cuatro, sino posiblemente más, entre los que podrían incluirse contenidos de algunos evangelios no canónicos como los apócrifos. Como tampoco me parece relevante que algunas cartas, que también forman parte de las Escrituras, pudieran ser apócrifas o escritas por discípulos, o que el Evangelio de Juan, como el de Tomás mencionado, tuvieran influencia helenística del pensamiento gnóstico neoplatónico.
Hubo algún talibán como Taciano que lo arregló todo tirando por la calle de enmedio; refundió los evangelios sinópticos en uno solo, corrigió las discordancias naturales en todos los textos históricos, y redactó el evangelio único o "diatesseron", predicó el desprecio por la cultura grecolatina, prohibió el consumo de vino incluso en la misa e hizo obligatoria la abstinencia carnal con el fin de conseguir se que extinguiera la especie humana, producto del pecado de Adán que no había sido perdonado por el sacrificio pascual. Enseguida lo echaron de la Iglesia, aunque estas reglas se incorporaran a la misma por parte de los eremitas, pero sin cuestionar la parte más importante de la buena noticia; por el sacrificio de Cristo estamos salvados. Todos.
Desde el principio el cristianismo ofreció, como otras religiones mistéricas, la redención, pero la concretó en su inminencia, en la necesidad de ayudar a los hermanos y en dar menos importancia a algunos aspectos externos (como la circuncisión) que a la fe y a la alegría por creer que un Dios nos salvará de nuestra condición humana.
Se dirá que todo esto se ha ido alejando mucho con el tiempo del mensaje primero, que la Semana Santa es una expresión folklórica para recordar unos textos alterados por la historia. A esto, desde la perspectiva meramente cultural cabe objetar que la mayoría de los textos de los escritores antiguos nos han llegado alterados, incluso muchos de los tenidos por ciertos históricamente, lo que sucede en muy escasa medida en los miles de manuscritos evangélicos y, en cuanto a la estética de las expresiones externas de la fe, quizás producto de la Contrarreforma, cabe objetar que no hay manifestación del pensamiento humano que no pueda tener una expresión artística, es consustancial al Homo Sapiens: si la fe puede inspirar algo hermoso y no excluyente de otras formas de belleza, estamos ante la posibilidad de disfrutar de la pluralidad del mundo y de las ideas, tan bellos como son.
Y puestos a disfrutar de la belleza inspirada por la fe, tengo que recomendar la recreación del Cantar de los Cantares de Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual, la poesía más hermosa que se haya nunca escrito.
Luego cada uno vive a su manera; unos leen para entender, otros rezan, otros hacen fuerza llevando un pesado trono con una imagen pesadísima que cargan en compañía de sus hermanos durante kilómetros...Otros se plantean que el mensaje es lo importante; que el Sermón de la Montaña es la piedra angular de la cultura occidental, se quiera o no, y que si en algo vale en estos tiempos la vieja solidaridad de los primeros cristianos, valgan las bendiciones de Mateo, 25: "Tuve hambre y me dísteis de comer, tuve sed y me dísteis de beber, era extranjero y me acogísteis, estaba desnudo y me cubrísteis, estuve enfermo o en la cárcel y me visitasteis...y esto lo hicísteis cuando lo hicierais por el más insignificante."
A mi me conmueve la soledad del hombre ante la muerte y su pregunta por el abandono de Dios. No hay expresión más intensamente íntima que el miedo a la muerte y al abandono; en estas palabras se contiene la necesidad que todos tenemos de amor y de protección. En arameo traducido al griego, sabemos que el crucificado, quizás rezando el salmo 22 que iba cumpliéndose en su agonía a partir del versículo 22, iba preparándose para el final de su vida y pregunta a Dios porqué le ha abandonado (es llamativo que tal vez podría traducirse "para qué" me has abandonado, --"Elohi, Elohi, lema shabaqtani"-- pues la transliteración al griego desde el arameo, o el hebreo, no nos permite tener la certeza sobre la lengua original en que se pronunciaron, si fue en la primaria del salmo o el la vernácula que hablaban los judíos del siglo I; es algo así como sucede con nuestras Jarchas, que al transliterarlas del romance al árabe faltan sonidos y no sabemos exactamente qué dijeran estos poemas hermosísimos en lengua románica y no por eso dejamos de admirar su impactante y sencilla belleza, igual que es increiblemente intenso el dramatismo de la agonía del considerado Hijo de Dios que, a ojos del hombre de hoy, o duda del auxilio de su padre al ver cerca la muerte o reza un salmo preparándose para ella como cualquier mortal.
Fue Pablo de Tarso, cuyas cartas serían los textos más antiguos del Evangelio, quien hizo ese mensaje de liberación más amplio, al incorporar al cristianismo a los gentiles, que tal vez fuera algo así al principio como una secta judía. El vehículo de transmisión de la noticia fue la lengua griega koiné, utilizada por autores de origen semita. En este sentido, todo el contenido moral de los evangelios como sucesos históricos, debieran entenderse también ,según Pablo, desde la provisionalidad, en tanto se esperaba la cercana "parusía", o segunda venida del Cristo (palabra griega que sustituye a la hebrea Mesías), pero incorporando a los gentiles al movimiento religioso, promoviendo así la expansión del mensaje, basándose posiblemente en las Leyes de Noé, que permitía extender el pacto con Dios a miembros no estrictamente judíos.
A mi no me importa mucho lo que durante siglos ha sido un debate inacabable sobre cuáles son los textos canónicos; si el Evangelio de Marcos es anterior a Mateo y Lucas y si tenían que ser solo cuatro, para que se cumpliera lo dicho por Ezequiel en el Antiguo Testamento. Se toma hoy por bueno el texto en griego de Nestle y Aland, el cual cada año se vuelve a matizar en su traducción por la dogmática alemana en una inacabable reinterpretación filológica del texto que poco o nada quita al mensaje central del mismo. Que haya una fuente anterior perdida, de "logia" o dichos de Cristo, la cual sería la fuente de los sinópticos (El evangelio Q perdido o Quelle en alemán, fuente) me parece de una importancia relativa, porque la filología histórica va depurando estas hipótesis y últimamente algunos cuestionan este evangelio perdido, aunque otros, tras la aparición del Evangelio de Tomás en Nag Hammadi, mantienen que los textos no eran cuatro, sino posiblemente más, entre los que podrían incluirse contenidos de algunos evangelios no canónicos como los apócrifos. Como tampoco me parece relevante que algunas cartas, que también forman parte de las Escrituras, pudieran ser apócrifas o escritas por discípulos, o que el Evangelio de Juan, como el de Tomás mencionado, tuvieran influencia helenística del pensamiento gnóstico neoplatónico.
Hubo algún talibán como Taciano que lo arregló todo tirando por la calle de enmedio; refundió los evangelios sinópticos en uno solo, corrigió las discordancias naturales en todos los textos históricos, y redactó el evangelio único o "diatesseron", predicó el desprecio por la cultura grecolatina, prohibió el consumo de vino incluso en la misa e hizo obligatoria la abstinencia carnal con el fin de conseguir se que extinguiera la especie humana, producto del pecado de Adán que no había sido perdonado por el sacrificio pascual. Enseguida lo echaron de la Iglesia, aunque estas reglas se incorporaran a la misma por parte de los eremitas, pero sin cuestionar la parte más importante de la buena noticia; por el sacrificio de Cristo estamos salvados. Todos.
Desde el principio el cristianismo ofreció, como otras religiones mistéricas, la redención, pero la concretó en su inminencia, en la necesidad de ayudar a los hermanos y en dar menos importancia a algunos aspectos externos (como la circuncisión) que a la fe y a la alegría por creer que un Dios nos salvará de nuestra condición humana.
Se dirá que todo esto se ha ido alejando mucho con el tiempo del mensaje primero, que la Semana Santa es una expresión folklórica para recordar unos textos alterados por la historia. A esto, desde la perspectiva meramente cultural cabe objetar que la mayoría de los textos de los escritores antiguos nos han llegado alterados, incluso muchos de los tenidos por ciertos históricamente, lo que sucede en muy escasa medida en los miles de manuscritos evangélicos y, en cuanto a la estética de las expresiones externas de la fe, quizás producto de la Contrarreforma, cabe objetar que no hay manifestación del pensamiento humano que no pueda tener una expresión artística, es consustancial al Homo Sapiens: si la fe puede inspirar algo hermoso y no excluyente de otras formas de belleza, estamos ante la posibilidad de disfrutar de la pluralidad del mundo y de las ideas, tan bellos como son.
Y puestos a disfrutar de la belleza inspirada por la fe, tengo que recomendar la recreación del Cantar de los Cantares de Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual, la poesía más hermosa que se haya nunca escrito.
Luego cada uno vive a su manera; unos leen para entender, otros rezan, otros hacen fuerza llevando un pesado trono con una imagen pesadísima que cargan en compañía de sus hermanos durante kilómetros...Otros se plantean que el mensaje es lo importante; que el Sermón de la Montaña es la piedra angular de la cultura occidental, se quiera o no, y que si en algo vale en estos tiempos la vieja solidaridad de los primeros cristianos, valgan las bendiciones de Mateo, 25: "Tuve hambre y me dísteis de comer, tuve sed y me dísteis de beber, era extranjero y me acogísteis, estaba desnudo y me cubrísteis, estuve enfermo o en la cárcel y me visitasteis...y esto lo hicísteis cuando lo hicierais por el más insignificante."
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