viernes, 6 de junio de 2014

TRAPECÍTICA 3



Y hoy en día vamos a peor. El propio expresidente de la Reserva Federal americana confiesa que no sabe cómo se ha producido la crisis ("The map and the territory: Risk, human nature and the future of forecasting", Penguin Press, 2013)

Se han incorporado numerosos mecanismos de estudio del equilibrio económico a largo plazo para prever las crisis mediante modelos dinámicos de equilibrio ectoclástico (aleatorio), siguiendo la obsesión loca de Adam Smith.

No han entendido nada de la Historia. La economía es la acción conjunta de millones de personas que trabajan por un interés propio saltándose las reglas de las leyes y siguiendo el único criterio de la persecución de la ganancia. Cuando el capital no puede incrementarse, se inventa el incremento, como ha sucedido en la actual crisis, durante la cual Greenspan intentó que fuera la mano invisible del mercado la que buscara el equilibrio. De locos.

Y pasó lo que tenía que pasar tantas veces a lo largo de la historia en una espiral cada vez más peligrosa: el crecimiento especulativo y los propios derivados financieros eran, en realidad, otra estafa diferida que, como ha sucedido tantas veces, no son más que peligrosos descubrimientos especulativos que han derivado al comercio mundial paquetes de deuda como nueva burbuja, pero esta vez de un montante de 10 veces el PIB de USA de 2002, llegando en 2011 a 700 billones de dólares, más de 10 veces el PIB global, según cálculos del Banco de Pagos Internacional. Ante esta enormidad hay que preguntarse porqué se llegó hasta aquí y cómo se va a salir de la crisis ahora.

Se confirma así lo que más de 300 años antes escribiera el escolástico Juan de Lugo:" Pretium iustum mathematicum licet soli Deum notum". El valor de las cosas sólo lo conoce Dios, y así debe de ser, pues a lo largo de los siglos se ha demostrado que la especulación dineraria y de activos ha creado enormes distorsiones que han generado innumerables ruinas, por la avaricia de convertir la regla personal de lo que las cosas valen en meras especulaciones financieras, construidas sobre el engaño y el peligro de alejarse de lo que son las cosas y lo que un buen padre de familia consideraría que pudiera ser su sagrado valor.

domingo, 1 de junio de 2014

TRAPECÍTICA 2

Y la crisis de las ciudades italianas se acrecentó más aún con la llegada del oro de América. El emperador Carlos tenía que pagar a los electores para conseguir el la corona imperial, consolidar bajo su cetro la "universitas christiana", para lo que tenía que conseguir apropiarse de la parte privada del oro depositada en los bancos de Sevilla y conseguir cada vez más oro que no hizo más que disparar los precios en España para acabar en Italia o Flandes,  mientras el tejido industrial de nuestro país quedaba arrasado por efecto de la entrada del metal americano y desaparecían comparativamente los grupos sociales productivos.

Los bancos de Sevilla quebraron también, habiéndose establecido antes la regla del depósito con reserva fraccionaria y los créditos forzosos a la Corona. La crisis perfecta provocada esta vez por los poderes públicos y los bancos asociados. Como hoy en día.

Y seguían las admoniciones de los Escolásticos Dominicos: "No os metáis en negocios peligrosos, pues pecáis, aunque sucedan prósperamente y por el solo peligro en que se pusieron los depósitos" recibidos en los bancos.

Siguieron las sucesivas bancarrotas de nuestro país; Felipe II tuvo el honor de reinar en un período en el que estas cíclicas destrucciones de riqueza eran frecuentes. Igual que ahora.

La excepción se dio cuando un banco municipal garantizó el coeficiente de caja al cien por ciento y se financió con unos modestos millajes que resultaban rentables gracias a la seguridad que inspiraban en sus cada vez más depositantes. Un banco de hombres honrados: La Banca Municipal de Amsterdam, gracias a la cual los depósitos quedaban garantizados totalmente, mediante controles semanales de burgomaestres que certificaban que todo el dinero depositado seguía allí. Pero fueron la excepción.

Los ingleses experimentaron la vergonzosa estafa del Banco de Inglaterra con la burbuja inversionista de la Compañía de los Mares del Sur (es el nombre que los españoles dieron al Pacífico que, por entonces era el que todos usaban para designarlo). Otra burbuja. Otra estafa financiera y otro cataclismo económico.

También los franceses tuvieron su personal experiencia de captación fraudulenta de inversiones y sus cíclicas consecuencias cuando, tras la Guerra de Sucesión española, el tesoro real francés estaba en bancarrota (apropiada palabra). El Regente, Louis de Orléans fue convencido por John Law para que se sustituyera el depósito de dinero o facturas por la emisión de billetes bancarios de deuda pública, convirtiendo al rey, a través del regente, en un banquero de la peor calaña, pues se constituyó la Sociedad Comercial del Mississippi, para explotar las magníficas prospectivas de la Luisiana francesa que no era, en realidad, más que una descomunal estafa. La emisión de papel moneda sin reserva de respaldo, el invento de Law, sería un antecedente que seguirían las bancas desde entonces en una práctica aún más peligrosa que la de los depósitos a la vista que pasaban a ser préstamos fraccionados. Otro fiasco descomunal del que se aprovecharon sujetos como Richard Cantillon, el padre de la Economía Política, que se dedicaba a la admisión de depósitos de acciones de la Sociedad Comercial del Mississippi, con reserva de venta. Lo que hizo ya se puede imaginar (enseguida se convirtió en una nueva práctica, aunque a Cantillon quisieron encarcelarlo), vendió las acciones depositadas cuando el precio era más alto y las recompró cuando era más bajo: se acababa de descubrir la especulación bursátil. Arruinó a  sus depositantes y se forró de dinero. La historia es terca, como se ve.




TRAPECÍTICA 1

Días atrás condenaron a unos banqueros de una caja del Penedés por lo que podría ser un delito de apropiación indebida o, tal vez, delito societario. No van a la prisión, pues ha habido acuerdo y han restituido sus pensiones millonarias. Ante el escándalo de la opinión pública que no entiende cómo en plena crisis alguien puede cometer tal atropello sin mayores consecuencias.

No es nuevo y es culpa de todos. También mía y tuya, del que lees esto, por aceptar que pueda negociarse con el dinero como si de una mercancía común se tratase, por depositar dinero a cambio de intereses y admitir que deben pagarte dinero por tu dinero. Se empieza así y acabamos todos donde estamos. Una y otra vez. La especulación lleva siempre a la euforia, la euforia al desafuero y, entes o después, a que el castillo de naipes especulativo se venga abajo, pues no es, ya se ve, más que cuestión de tiempo. Ciclos en los que todos enloquecemos para venir a dar de bruces, una y otra vez, contra la misma piedra.

Ya en la Trapecítica de Isócrates (muerto en 338 antes de nuestra era) encontramos lo que podía ser un primer documento jurídico en el que un depositante reclama su dinero al banquero, el cual no se lo restituye. Las preferentes, el corralito y todo lo demás ya se dió en la antigua Grecia (y el la nueva) y, desde entonces, sin parar.

Por aquella época los templos griegos eran conocidos bancos que crecían en  un entorno favorable hasta que ya en época de Mitrídates explotó la primera burbuja financiera, en el siglo IV antes de Cristo, que hubo de resolverse con una moratoria de 10 años antes de recuperar los depósitos que los banqueros de Éfeso no podían devolver.  Desde muy atrás la religión se ha manifestado en templos y en los templos ha habido comercio. Y siempre todo por lo mismo: dejas dinero para que te lo guarden, el que te lo guarda se lo apropia y lo presta a su vez, de manera que si quieres recuperarlo antes que que a él le devuelvan tu dinero te quedas sin el depósito. Así de sencillo. Una apropiación ilegal que todos admitimos cuando esperamos que por la entrega líquida recibamos unos intereses.

Ese es el problema, la contabilidad doble que ya en la Alejandría tolemaica se practicaba en los bancos y que los jurisconsultos romanos entendían como un robo: Si yo entrego un depósito no estoy otorgando un crédito. Esto,además, era pecado de usura y para evitarlo se recurrió a la institución del "depositum confessatum" que permitía encubrir el ilícito y pecaminoso negocio convirtiendo el depósito en un crédito fraccionado. Tan recurrente es el fraude de ley.

Durante el Renacimiento las ciudades italianas experimentaron un increíble desarrollo económico, cultural y social mediante la expansión financiera derivada de la multiplicación ficticia del valor del dinero depositado que generaba una mayor disponibilidad y tráfico financiero, inflando una burbuja que ya por el siglo XIV explotó una vez más, cuando los banqueros devolvían las monedas depositadas aleadas con metales no preciosos o las sustituían con el reconocimiento de la deuda con un simple pagaré. El pagaré no era admitido por los depositantes que no podían afrontar sus deberes mediante la devolución de sus depósitos indisponibles y, así, se ocasionaba un impago en cadena desde el banco hasta el último menestral que no podía cobrar su salario...todo por una pérdida de confianza de los que h¡nunca hubieran debido confiar en que el dinero aumentaba su valor por el mero cambio de mano. Hasta el siglo XVI parece que esas crisis fueron periódicas, por ser conocida la quiebra de la florentina Banca Ricci por entonces. Esta quiebra financiera provocó una falta de confianza y generó un subsiguiente "mancamento della credenza" que paralizaba la sociedad (nuestra contracción del crédito, tras la resaca de la especulación de años atrás).

Hasta la Peste se convirtió en una ocasión para acumular capital en manos de los supervivientes e invertirlo en nuevos negocios, entre ellos la propia reconstrucción inmobiliaria de las ciudades toscanas. Lo mismo ha pasado tras las grandes guerras del siglo pasado, guardando las distancias.

Se repite la historia. Tantas veces.

Un escolástico español del Siglo de Oro decía de los banqueros: "Hambrientos tragones, todo lo roban y ensucian, salen a la calle son su mesa, su silla, la caja y el libro; como las prostitutas" y reconvenía a los que luego se quejaban cuando no les devuelven el depósito, pero sí aceptan que, a cambio, le paguen intereses "porque sabe que el banquero no le ha de guardar su depósito, sino gastar su dinero", calificando las ganancias de los bancos como "robos con los que os hacéis casas superbas, compráis ricas heredades, con excesivas costas familiares y muchos criados. Hacéis grandes banquetes y vestís costosamente, siendo que cuando os asentasteis a logrear erais pobres" y criticaba a los que depositaban a sabiendas su dinero en el banco para la especulación, ya que "la gente compra como si hubiera más dinero del que en realidad hay", advirtiendo otro escolástico: "pecan los cambiadores y los que les dan el dinero".

Lo dicho por S. de la Calle o Azpilcueta sería aplicable con extraordinaria actualidad a ciertos banqueros de nuestros días y a los que han vivido "por encima de sus posibilidades", pues,  unos u otros a sus ojos serían a día de hoy responsables del actual crash.

El "pelotazo" no es de ahora, pues.

Lo que se ve en la televisión, lo de las estafas de las preferentes, la contracción de créditos que nos lleva a la recesión o la estanflación, la euforia etílica financiera de los pasados años, el edificio de engaño y loca confianza en que hemos vivido hasta  aquí no tenía más solidez que una burbuja de las que, desde siempre, han venido estallando ante las narices de los que han recurrido a la especulación criminal y los que por ambición han entrado en el juego de entregar su dinero ahorrado a cambio de más dinero, pero fácil, siguiendo la lógica de quien cuestiona alegremente el valor de las cosas y la moral de las finanzas.

viernes, 2 de mayo de 2014

LA MANO DE FÁTIMA.

Cada mañana suelo empezar el jornada en la vía verde. En invierno, con noches largas, espero el amanecer a la mitad del tramo. En mi coche, estacionado, orientado junto al camino. En las noches largas del invierno es dificil reconocer a los caminantes. Ahora, con los días más largos, se ve a la gente que, de tanto ir cada mañana, acabas conociendo. En general, los caminantes solitarios son amigables cuando se cruzan con otros, de los que acaban haciéndose conocidos.

Ahora la vía está a las siete y media llena de sol naciente, y la brisa fresca de la mañana mueve las copas de las acacias, arracimadas de flores, formando una cubierta blanca y verde a lo largo del recorrido, en un espectáculo de belleza desbordante.

En junio de hace dos años tuve que ingresarme en el hospital, por un dolor muy intenso motivado por una fractura vertebral. Me recibió una doctora amiga que siempre que me encuentra me echa un remiendo y ,con su buen hacer y su cercanía, me ayuda, nos ayuda a todos, quizás más de lo que su obligación le impusiera.

Me dejó en reposo en un box de urgencias. Me llevaron en una camilla a realizarme unas puebas. Para los que no estamos acostumbrados, encontrarte postrado en una cama con ruedas y que te lleven mirando al techo, viendo pasar los extintores de las paredes y las claraboyas, es un tanto incapacitante; entristecedor, quizás por la suerte de no haber tenido que ir y venir mucho en camilla hopitalaria, teniendo por todo horizonte el ruido de las ruedas y el techo de las galerías clínicas.

A la vuelta, enganchado a un gotero y con un tensiómetro automático apretándome el otro brazo, quedé esperando a que mi amiga consiguiera, una vez más, quitarme el intenso dolor de la espalda.

En el box de al lado había una joven pareja. Creo que estábamos apartados del resto de los enfermos por motivos bien distintos. En mi caso porque mi dolencia no era grave pero quedaba cerca del mostrador en que mi amiga iba estudiando papeles y dando instrucciones a los sanitarios. En el caso de los jóvenes del box contíguo, porque, como luego supe, esperaban para llevar a la chica al ala de medicina paliativa, pues, al parecer, su vida se le escapaba definitivamente.

En ese extremo del ala de urgencias, que tenía pocos enfermos por entonces, estábamos en relativo silencio. Reflexionaba para mi cómo nacer, morir, sufrir, vivir es tan importante y cómo nos engaña la edad, como dice la esfera del reloj falso de Florencia.

 Pensaba en el dolor físico y en el dolor del alma. En lo insoportable que pueden ser ambos a veces, pero en la mayor dificultad para recuperarse de los desgarros del espíritu que de muchas dolencias del cuerpo.

Los pacientes de al lado estaban en silencio. Tenían un biombo que les daba cierta intimidad en su desgracia. La chica, en voz baja pero firme, sin expresión alguna de dolor, le pidió a quien la acompañaba:

---"Espérate. Quédate conmigo".

No oí respuesta alguna. Seguimos allí durante unas dos horas, hasta que me enviaron a casa. Mi amiga Ana no suele equivocarse; conmigo siempre acierta y si dijo que la chica estaba mal es que se le acababa la vida.

Aliviado por el dolor que había remitido me fui a casa (me vinieron a recoger) y no pude evitar mirar a través del biombo entreavierto. Un hombre joven, más alto que yo, delgado, con la cabeza rapada, tomaba la mano de una mujer que no pude ver, porque estaba inclinado sobre ella. Si ví su mano, pues me llamó la atención que llevara una pulsera inconfundible, lo que no es normal cuando te ingresan. Esperando para salir, pensaba en mi mejora y en la distinta circunstancia de la chica que agonizaba y de quién la acompañaba, que no sabría decir si era un amigo, un hermano, un novio o un esposo. El único consuelo que a ellos les quedaba no era más que una corta compañía mutua.

Hacía dos días que creía haberlos visto en la vía verde, pero había pensado que no era lo que creía más que una posibilidad remota que me mantenía confundido. Esta mañana, a las ocho, los he encontrado por segunda vez. He detenido el coche a la altura del sitio por el que iban a pasar y he visto, he escuchado a la pareja. Ella, con el mismo tono de las tres palabras que escuché, le decía a él que la esperara, pues el joven iba corriendo ligero por delante, pero juntos, como he descubierto esta mañana, aunque no reparé en ello el pasado martes.

El chico, con su cabeza rapada y más pálido de lo que recordaba, se ha vuelto sonriente; mientras ella le pedía que se acercara para tomar un trago de agua.

Cuando ha levantado  la botella deportiva he visto su pulsera inconfundible con la mano de Fátima.

Están juntos.

Para celebrarlo os regalo un aria de Bach: "Bist du bei mir" (quédate junto a mi).

 http://www.youtube.com/watch?v=6ZaJLvbue3Y

viernes, 18 de abril de 2014

CREACIÓN IMPERFECTA

Acabo de terminar la lectura de un magnífico libro de Gleiser sobre la imperfección desde el punto de vista científico de todo lo que se considera creado conforme a un plan ("Criação imperfeita", editorial Saraiva) . El autor brasileño viene a demostrar que todo cuanto existe es simplemente la consecuencia de un azar dinámico e irracional, cuyas reglas apenas hemos empezado a desentrañar. Puedo estar de acuerdo en lo de nuestra ignorancia. No tanto en que, admitiendo ésta, podamos concluir que somos, que todo es una creación imperfecta. El propio concepto de creación o de imperfección implica tales matices que seríamos incapaces de ponernos de acuerdo siquiera en un superficial debate nominalista.


  Otras creaciones, consideradas imperfectas por algunos, me hacen pensar más; aunque sea de pasada. Digo esto porque hoy ha venido a verme mi amigo Augusto, que está loco. Es amigo desde hace muchos años y pese a su deterioro mental se aprecia su bondad; es muy inteligente pero no puede dejar su cerebro en el límite de lo estrictamente racional. Augusto es capaz de razonar de manera meticulosa pero, de pronto, desbarra y se pierde en lo que para una persona sana son meras elucubraciones, ensoñaciones demenciales, asuntos en los que ni se repara ni a los cuales se presta atención. Tiene lagunas de memoria, olvidos sobrevenidos por efecto de la continua medicación a la que ya es adicto.

 Augusto es capaz de haber escrito libros de mecánica y pudiera tener un cociente intelectual altísimo pero asociado a lo que se entiende como una personalidad enferma. Está incapacitado, esto es, está muerto legalmente en vida, no puede comprar, no puede contraer matrimonio, no puede enajenar bienes y solo tiene derecho a 150 euros al mes que gestiona una entidad que lleva su curatela. Ha venido a verme por nada. Estas son las mejores visitas. Enseguida se ha marchado, porque consideraba que me hacía perder el tiempo. Creo que solo quería que escuchara cómo le iba la vida, porque ahora, un poco mejor, está en el hospital de día. Como creación imperfecta ha estado encerrado en el psiquiátrico mucho tiempo. Me ha dado su nuevo número de móvil que, según él, no le tienen intervenido, pues dice que oye la voz de los que le tienen pinchado el teléfono. Desde su mundo, es mucho mejor que otros lo somos desde la vertiente racional de la vida.

Si todos tenemos por ley el derecho a la igualdad, nadie hay más desigual que las personas discapacitadas y, de entre ellas, los discapacitados mentales naturales o jurídicos.

Vivimos en una sociedad demasiado estructurada, tal vez por suerte; he de admitirlo. La perfección de nuestra sociedad, en esto, radica en que de una vez debemos dejar, como algo intocable, la ayuda institucional a los más débiles de entre los nuestros, los que dependen de nosotros más de lo que todos dependemos de todos, nuestros dependientes, sin perder de vista que la ayuda es para quien los cuida, pero también y especialmente para ellos.

 Hace años, durante un curso que hice en Valencia reparé en algo extraño. Me preguntaba porqué esa ciudad no tenía niños, quizás porque me acordaba de mis hijas. No los vi, día tras día, porque estaban en la escuela. Ahora, en vacaciones, los niños escapan de casa y, si no tenemos donde aparcarlos, vuelven a la calle a jugar y a generar molestias a los ancianos, que son generalmente los más quejicosos. Cuando empieza el curso desaparecen otra vez.

Lo mismo sucede con los discapacitados. El domingo, por una calle vacía de coches tras el paso de una procesión, encontré a Manolín, un hombre de mi edad que sufre un retraso mental oligofrénico. Su alma no ha envejecido. Sigue siendo un niño. Con voz de hombre se dirigía, vocalizando como un crío, hacia el joven que lo retiraba del paso procesional. Debiera de ser su sobrino, por parecer bastante más joven que él y guardar cierto parecido físico. Cuando éramos chicos solíamos encontrarnos para compartir su compañía; era amigo de mi hermano menor aunque era mayor que nosotros, porque, a cierta edad, tres o cuatro años más se notan mucho en el desarrollo físico. Lo recordaba más alto y es que lo era respecto de mi cuando compartíamos la infancia y cuando dejé de verlo. Me ha sorprendido volver a dar inesperadamente con él y me he alegrado para enseguida entristecerme. Recuerdo que se le caía el moco y su madre le solía pasar un pañuelo para limpiarle la baba, de forma mecánica pero llena de resignado cariño. Hoy sigue igual.

Como a todos los grandes discapacitados, para el desahogo de la familia, a Manolín lo tienen internado en un centro de otra provincia y la familia lo recoge en época de vacaciones, no sé si porque cierran el Centro o porque entonces tienen tiempo para traerlo a su lado. Eso creo porque es lo que sucede en otros casos que conozco mejor. Está bien, siempre que no se pierda de vista que la ayuda es necesaria y que debe servir para cohesionar a las familias y, en todo lo posible, integrar a quien la recibe.

No aguantamos las creaciones imperfectas; eso pienso algunas veces. Nos quitamos de encima a quienes van a nacer con una discapacidad, a los enfermos mentales, a los viejos, a los débiles. Incluso los niños están aparcados todo el tiempo para que los padres tengamos tiempo que dedicar al trabajo que no nos permitirá tener hijos a los que dar el producto de lo que hacemos. Hasta los niños, por no estar maduros, son creaciones imperfectas. No dejamos de quererlos, pero nos entorpecen la vida cotidiana.

Siempre que veo un gran discapacitado recuerdo una película antigua, en blanco y negro, titulada en español "La parada de los monstruos" ("Freaks" en inglés, simplemente) en la que un grupo de actores, de veras tarados genéticamente,  interpretan unos magníficos papeles en el film, con un argumento que trascurre en un circo, lugar en el que solían acabar para su exhibición toda clase de anormales presentados como engendros de feria. El tema de la película debiera hacernos pensar, porque la altura moral de los personajes se mantiene solo respecto de los contrahechos reales que participan en la película y seguramente encontraron en algún cottolengo, esos hospitales de caridad donde iban a parar los que hoy elimina la eugenesia. Los personajes perfectos, hermosos, inteligentes  son los caracteres de la obra realmente malvados.

 Esta producción generó un escándalo cuando se proyectó allá por los años 30 del siglo pasado; en algunos países se prohibió y solo a partir de los 70 se ha considerado una obra de culto. En ella se hería la sensibilidad de los bienpensantes que consideraban una ignominia la mera exhibición de ciertas personas, no sé si por motivos éticos o estéticos. Ya en el antiguo Derecho Romano, a los que nacían deformes se les consideraba "monstrua" y no personas. En el film, ellos mismos hacen piña bajo el lema "quien ataca a uno de los nuestros, ataca a todos", y con ese argumento se organiza la venganza por la traición que sufre el protagonista (no cuento más...). 

Lo mismo me decía; ellos son los nuestros y tenemos que protegerlos más por eso y por todo.

En eso pensaba cuando veía alejarse a Manolín, a quien quizás ya no vuelva a ver. Patizambo y grandullón, del brazo de quien cuidaba de él.  Mocoso e inocente.

miércoles, 16 de abril de 2014

PLATÓN Y LA MANDARINA.

Platón, en su obra "El banquete", se refiere a unos personajes mitológicos, con anteriores y variadas referencias literarias, llamados "andróginos". En la edad dorada, los seres humanos eran hombres, mujeres o andróginos, unos tipos redondos unidos por el vientre, con dos sexos, una cabeza con dos caras y cuatro extremidades. Los andróginos podían tener dos sexos iguales o diferentes.

Andrógino viene de una composición de la palabra hombre y mujer en griego, formando una sola.

Estos seres eran de una fuerza increible y llegaron a enfrentarse a los dioses, por lo que Zeus los partió en canal, separando sus dos mitades y convirtiéndolos en seres humanos corrientes; aunque pensó antes en exterminar a toda la humanidad, no lo hizo por no quedarse sin quiénes le adoraran.

Desde entonces, una parte de la humanidad pasa la vida buscando a otra parte de la misma, o sea, a su otra mitad. Hombres que buscan mujeres, mujeres que buscan hombres, hombres que buscan hombres y mujeres que buscan mujeres.

El concepto existe en muchas culturas, los franceses llaman a ese amor perfecto "la mitad", los alemanes y los ingleses "la mejor mitad", los italianos la "media manzana" y los españoles "la media naranja".

Hablando de la naranja y de las vueltas de las palabras y las ideas que representan en el tiempo, el vocablo es árabe (náransh es naranjo y náransha es el fruto) pero referido a la naranja amarga. La palabra pasó a muchas lenguas de Europa, referida al fruto, pero a unos paises con el nombre de la planta y a otros con el de la fruta (naranja, laranja, arancia o bien orange desde al francés a otras lenguas).

La pequeña naranja dulce se llama "tangerine" en francés, nosotros la llamamos mandarina, por su origen chino. Tangerina es porque fue en Tánger donde la sembraron por primera vez los portugueses, pues era esa ciudad una colonia lusitana allá por el  final de la edad media y, curiosamente, en árabe hoy mandarina se dice "shina" o "burtiqal", o sea, China o Portugal, ya sea referida al origen o su primer lugar de cultivo occidental.

Las ideas y las palabras cruzan los países y el tiempo; a veces vuelven. La gente se cree muy diversa pero tiene mucho más en común de lo que supone.

domingo, 13 de abril de 2014

BUENA NOTICIA

Hoy  empieza la Semana Santa. Es una manifestación de religiosidad popular variada, mezclada de sentimientos, creencias, expresiones artísticas en las que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo.


En este punto, o crees o no crees. Hay una tercera opción, crees pero de otra manera, o sea, dudas.

Yo no pretendo más que compartir algunas reflexiones de pasada con los amigos que me honran leyendo este blog, y todo, como siempre, desde la perspectiva personal y la vertiente humana de este importante misterio, que es la expresión de religiosidad más importante de nuestro país.

La fuente histórica que nos refiere la buena noticia es el Nuevo Testamento (buena noticia o evanguelion en griego). Sobre los libros que lo componen (libros y cartas, más los Hechos de los Apóstoles que podría ser una segunda parte del Evangelio de Lucas) no podemos sino referirnos, según la dogmática histórico-científica laica, a la tradición.

Según Piñero, una reconocida autoridad acedémica laica en la materia, es incuestionable que el Jesús histórico existió, aunque autores como Puente Ojea y otros hablan de que simplemente fue un mito. Incluso hay quien dice que no fue más que la transposición de la figura de Apolonio de Tiana que conocemos a través de Filóstrato, un personaje de su época; una especie de héroe actual que era capaz de sanar y hacer milagros. Esto a mi no me preocupa, me vale más lo que se aprende de la figura, incluso dudando de su historicidad, que perderme en disquisiciones histórico-filológicas por lo que luego diré. Se cuestiona incluso la historicidad de Pitágoras, pero fuera como se llamara si es que existiera, sus conocimientos son de una indudable utilidad.

Que el Jesús histórico existiera pues, es admitido por la inmensa mayoría de los historiadores y filólogos; en lo que ya no hay acuerdo es en la interpretación que después se hiciera de su figura. Para la mayoría de los científicos era un rabino de provincias, fiel cumplidor de la Ley pero, dentro de las variadas corrientes del judaísmo del siglo I, pertenecía a una que admitía la resurrección de los muertos y la necesaria preparación para la venida del fin de los tiempos, que resultaría inminente. Hasta el siglo III hubo una obsesión en interpretar literalmente el fin del mundo y fueron muchos los apocalipsis que se escribieron, aunque solo el de Juan (de cuya vida los historiadores saben poco más) se ha tomado como texto sagrado por la Iglesia Católica.

Lo cierto es que en el Evangelio se hace referencia al fin de los tiempos que sería inminente, incluso en la misma generación de los que vivieron por entonces. De ahí la urgencia a no preocuparse por lo mundano sino a estar preparado para la venida del Mesías que liberaría al pueblo elegido. Según la dogmática alemana solo así se puede entender, encuadrar históricamente, la figura de Jesús y desde esa perspectiva comprender su mensaje que sería el de la urgencia por la llegada del día del juicio, para encontrarse entre los salvos escasos que pasarían la prueba, los que serían unos elegidos de entre los judíos; o sea, como si fuera una especie de mensaje nacionalista más de los que existían a la sazón. El sermón de la Montaña, las Bienaventuranzas, no serían tal vez más que un mensaje de liberación para un pueblo oprimido que iba a ser liberado para vivir en un reino de justicia.

En la crucifixión, pena muy difundida en la antigüedad, se aplicó un proceso penal romano denominado "cognitio extra ordinem" que sería una especie de Juicio Rápido para ejecutar al reo.

A mi me conmueve la soledad del hombre ante la muerte y su pregunta por el abandono de Dios. No hay expresión más intensamente íntima que el miedo a la muerte y al abandono; en estas palabras se contiene la necesidad que todos tenemos de amor y de protección. En arameo traducido al griego, sabemos que el crucificado, quizás rezando el salmo 22 que iba cumpliéndose en su agonía a partir del versículo 22, iba preparándose para el final de su vida y pregunta a Dios porqué le ha abandonado (es llamativo que tal vez podría traducirse "para qué" me has abandonado, --"Elohi, Elohi, lema shabaqtani"-- pues la transliteración al griego desde el arameo, o el hebreo, no nos permite tener la certeza sobre la lengua original en que se pronunciaron, si fue en la primaria del salmo o el la vernácula que hablaban los judíos del siglo I; es algo así como sucede con nuestras Jarchas, que al transliterarlas del romance al árabe faltan sonidos y no sabemos exactamente qué dijeran estos poemas hermosísimos en lengua románica y no por eso dejamos de admirar su impactante y sencilla belleza, igual que es increiblemente intenso el dramatismo de la agonía del considerado Hijo de Dios que, a ojos del hombre de hoy, o duda del auxilio de su padre al ver cerca la muerte o reza un salmo preparándose para ella como cualquier mortal.

Fue Pablo de Tarso, cuyas cartas serían los textos más antiguos del Evangelio, quien hizo ese mensaje de liberación más amplio, al incorporar al cristianismo a los gentiles, que tal vez fuera algo así al principio como una secta judía. El vehículo de transmisión de la noticia fue la lengua griega koiné, utilizada por autores de origen semita. En este sentido, todo el contenido moral de los evangelios como sucesos históricos, debieran entenderse también ,según Pablo, desde la provisionalidad, en tanto se esperaba la cercana "parusía", o segunda venida del Cristo (palabra griega que sustituye a la hebrea Mesías), pero incorporando a los gentiles al movimiento religioso, promoviendo así la expansión del mensaje, basándose posiblemente en las Leyes de Noé, que permitía extender el pacto con Dios a miembros no estrictamente judíos.

A mi no me importa mucho lo que durante siglos ha sido un debate inacabable sobre cuáles son los textos canónicos; si el Evangelio de Marcos es anterior a Mateo y Lucas y si tenían que ser solo cuatro, para que se cumpliera lo dicho por Ezequiel en el Antiguo Testamento. Se toma hoy por bueno el texto en griego de Nestle y Aland, el cual cada año se vuelve a matizar en su traducción por la dogmática alemana en una inacabable reinterpretación filológica del texto que poco o nada quita al mensaje central del mismo. Que haya una fuente anterior perdida, de "logia" o dichos de Cristo,  la cual sería la fuente de los sinópticos (El evangelio Q perdido o Quelle en alemán, fuente) me parece de una importancia relativa, porque la filología histórica va depurando estas hipótesis y últimamente algunos cuestionan este evangelio perdido, aunque otros, tras la aparición del Evangelio de Tomás en Nag Hammadi, mantienen que los textos no eran cuatro, sino posiblemente más, entre los que podrían incluirse contenidos de algunos evangelios no canónicos como los apócrifos. Como tampoco me parece relevante que algunas cartas, que también forman parte de las Escrituras, pudieran ser apócrifas o escritas por discípulos, o que el Evangelio de Juan, como el de Tomás mencionado, tuvieran influencia helenística del pensamiento gnóstico neoplatónico.

Hubo algún talibán como Taciano que lo arregló todo tirando por la calle de enmedio; refundió los evangelios sinópticos en uno solo, corrigió las discordancias naturales  en todos los textos históricos, y redactó el evangelio único o "diatesseron", predicó el desprecio por la cultura grecolatina, prohibió el consumo de vino incluso en la misa e hizo obligatoria la abstinencia carnal con el fin de conseguir se que extinguiera la especie humana, producto del pecado de Adán que no había sido perdonado por el sacrificio pascual. Enseguida lo echaron de la Iglesia, aunque estas reglas se incorporaran a la misma por parte de los eremitas, pero sin cuestionar la parte más importante de la buena noticia; por el sacrificio de Cristo  estamos salvados. Todos.

Desde el principio el cristianismo ofreció, como otras religiones mistéricas, la redención, pero la concretó en su inminencia, en la necesidad de ayudar a los hermanos y en dar menos importancia a algunos aspectos externos (como la circuncisión) que a la fe y a la alegría por creer que un Dios nos salvará de nuestra condición humana.

Se dirá que todo esto se ha ido alejando mucho con el tiempo del mensaje primero, que la Semana Santa es una expresión folklórica para recordar unos textos alterados por la historia. A esto,  desde la perspectiva meramente cultural cabe objetar que la mayoría de los textos de los escritores antiguos nos han llegado alterados, incluso muchos de los tenidos por ciertos históricamente, lo que sucede en muy escasa medida en los miles de manuscritos evangélicos y, en cuanto a la estética de las expresiones externas de la fe, quizás producto de la Contrarreforma, cabe objetar que no hay manifestación del pensamiento humano que no pueda tener una expresión artística, es consustancial al Homo Sapiens: si la fe puede inspirar algo hermoso y no excluyente de otras formas de belleza, estamos ante la posibilidad de disfrutar de la pluralidad del mundo y de las ideas, tan bellos como son.

Y puestos a disfrutar de la belleza inspirada por la fe, tengo que recomendar la recreación del Cantar de los Cantares de Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual, la poesía más hermosa que se haya nunca escrito.

Luego cada uno vive a su manera; unos leen para entender, otros rezan, otros hacen fuerza llevando un pesado trono con una imagen pesadísima que cargan en compañía de sus hermanos durante kilómetros...Otros se plantean que el mensaje es lo importante; que el Sermón de la Montaña es la piedra angular de la cultura occidental, se quiera o no, y que si en algo vale en estos tiempos la vieja solidaridad de los primeros cristianos, valgan las bendiciones de Mateo, 25: "Tuve hambre y me dísteis de comer, tuve sed y me dísteis de beber, era extranjero y me acogísteis, estaba desnudo y me cubrísteis, estuve enfermo o en la cárcel y me visitasteis...y esto lo hicísteis cuando lo hicierais por el más insignificante."