viernes, 2 de mayo de 2014

LA MANO DE FÁTIMA.

Cada mañana suelo empezar el jornada en la vía verde. En invierno, con noches largas, espero el amanecer a la mitad del tramo. En mi coche, estacionado, orientado junto al camino. En las noches largas del invierno es dificil reconocer a los caminantes. Ahora, con los días más largos, se ve a la gente que, de tanto ir cada mañana, acabas conociendo. En general, los caminantes solitarios son amigables cuando se cruzan con otros, de los que acaban haciéndose conocidos.

Ahora la vía está a las siete y media llena de sol naciente, y la brisa fresca de la mañana mueve las copas de las acacias, arracimadas de flores, formando una cubierta blanca y verde a lo largo del recorrido, en un espectáculo de belleza desbordante.

En junio de hace dos años tuve que ingresarme en el hospital, por un dolor muy intenso motivado por una fractura vertebral. Me recibió una doctora amiga que siempre que me encuentra me echa un remiendo y ,con su buen hacer y su cercanía, me ayuda, nos ayuda a todos, quizás más de lo que su obligación le impusiera.

Me dejó en reposo en un box de urgencias. Me llevaron en una camilla a realizarme unas puebas. Para los que no estamos acostumbrados, encontrarte postrado en una cama con ruedas y que te lleven mirando al techo, viendo pasar los extintores de las paredes y las claraboyas, es un tanto incapacitante; entristecedor, quizás por la suerte de no haber tenido que ir y venir mucho en camilla hopitalaria, teniendo por todo horizonte el ruido de las ruedas y el techo de las galerías clínicas.

A la vuelta, enganchado a un gotero y con un tensiómetro automático apretándome el otro brazo, quedé esperando a que mi amiga consiguiera, una vez más, quitarme el intenso dolor de la espalda.

En el box de al lado había una joven pareja. Creo que estábamos apartados del resto de los enfermos por motivos bien distintos. En mi caso porque mi dolencia no era grave pero quedaba cerca del mostrador en que mi amiga iba estudiando papeles y dando instrucciones a los sanitarios. En el caso de los jóvenes del box contíguo, porque, como luego supe, esperaban para llevar a la chica al ala de medicina paliativa, pues, al parecer, su vida se le escapaba definitivamente.

En ese extremo del ala de urgencias, que tenía pocos enfermos por entonces, estábamos en relativo silencio. Reflexionaba para mi cómo nacer, morir, sufrir, vivir es tan importante y cómo nos engaña la edad, como dice la esfera del reloj falso de Florencia.

 Pensaba en el dolor físico y en el dolor del alma. En lo insoportable que pueden ser ambos a veces, pero en la mayor dificultad para recuperarse de los desgarros del espíritu que de muchas dolencias del cuerpo.

Los pacientes de al lado estaban en silencio. Tenían un biombo que les daba cierta intimidad en su desgracia. La chica, en voz baja pero firme, sin expresión alguna de dolor, le pidió a quien la acompañaba:

---"Espérate. Quédate conmigo".

No oí respuesta alguna. Seguimos allí durante unas dos horas, hasta que me enviaron a casa. Mi amiga Ana no suele equivocarse; conmigo siempre acierta y si dijo que la chica estaba mal es que se le acababa la vida.

Aliviado por el dolor que había remitido me fui a casa (me vinieron a recoger) y no pude evitar mirar a través del biombo entreavierto. Un hombre joven, más alto que yo, delgado, con la cabeza rapada, tomaba la mano de una mujer que no pude ver, porque estaba inclinado sobre ella. Si ví su mano, pues me llamó la atención que llevara una pulsera inconfundible, lo que no es normal cuando te ingresan. Esperando para salir, pensaba en mi mejora y en la distinta circunstancia de la chica que agonizaba y de quién la acompañaba, que no sabría decir si era un amigo, un hermano, un novio o un esposo. El único consuelo que a ellos les quedaba no era más que una corta compañía mutua.

Hacía dos días que creía haberlos visto en la vía verde, pero había pensado que no era lo que creía más que una posibilidad remota que me mantenía confundido. Esta mañana, a las ocho, los he encontrado por segunda vez. He detenido el coche a la altura del sitio por el que iban a pasar y he visto, he escuchado a la pareja. Ella, con el mismo tono de las tres palabras que escuché, le decía a él que la esperara, pues el joven iba corriendo ligero por delante, pero juntos, como he descubierto esta mañana, aunque no reparé en ello el pasado martes.

El chico, con su cabeza rapada y más pálido de lo que recordaba, se ha vuelto sonriente; mientras ella le pedía que se acercara para tomar un trago de agua.

Cuando ha levantado  la botella deportiva he visto su pulsera inconfundible con la mano de Fátima.

Están juntos.

Para celebrarlo os regalo un aria de Bach: "Bist du bei mir" (quédate junto a mi).

 http://www.youtube.com/watch?v=6ZaJLvbue3Y

viernes, 18 de abril de 2014

CREACIÓN IMPERFECTA

Acabo de terminar la lectura de un magnífico libro de Gleiser sobre la imperfección desde el punto de vista científico de todo lo que se considera creado conforme a un plan ("Criação imperfeita", editorial Saraiva) . El autor brasileño viene a demostrar que todo cuanto existe es simplemente la consecuencia de un azar dinámico e irracional, cuyas reglas apenas hemos empezado a desentrañar. Puedo estar de acuerdo en lo de nuestra ignorancia. No tanto en que, admitiendo ésta, podamos concluir que somos, que todo es una creación imperfecta. El propio concepto de creación o de imperfección implica tales matices que seríamos incapaces de ponernos de acuerdo siquiera en un superficial debate nominalista.


  Otras creaciones, consideradas imperfectas por algunos, me hacen pensar más; aunque sea de pasada. Digo esto porque hoy ha venido a verme mi amigo Augusto, que está loco. Es amigo desde hace muchos años y pese a su deterioro mental se aprecia su bondad; es muy inteligente pero no puede dejar su cerebro en el límite de lo estrictamente racional. Augusto es capaz de razonar de manera meticulosa pero, de pronto, desbarra y se pierde en lo que para una persona sana son meras elucubraciones, ensoñaciones demenciales, asuntos en los que ni se repara ni a los cuales se presta atención. Tiene lagunas de memoria, olvidos sobrevenidos por efecto de la continua medicación a la que ya es adicto.

 Augusto es capaz de haber escrito libros de mecánica y pudiera tener un cociente intelectual altísimo pero asociado a lo que se entiende como una personalidad enferma. Está incapacitado, esto es, está muerto legalmente en vida, no puede comprar, no puede contraer matrimonio, no puede enajenar bienes y solo tiene derecho a 150 euros al mes que gestiona una entidad que lleva su curatela. Ha venido a verme por nada. Estas son las mejores visitas. Enseguida se ha marchado, porque consideraba que me hacía perder el tiempo. Creo que solo quería que escuchara cómo le iba la vida, porque ahora, un poco mejor, está en el hospital de día. Como creación imperfecta ha estado encerrado en el psiquiátrico mucho tiempo. Me ha dado su nuevo número de móvil que, según él, no le tienen intervenido, pues dice que oye la voz de los que le tienen pinchado el teléfono. Desde su mundo, es mucho mejor que otros lo somos desde la vertiente racional de la vida.

Si todos tenemos por ley el derecho a la igualdad, nadie hay más desigual que las personas discapacitadas y, de entre ellas, los discapacitados mentales naturales o jurídicos.

Vivimos en una sociedad demasiado estructurada, tal vez por suerte; he de admitirlo. La perfección de nuestra sociedad, en esto, radica en que de una vez debemos dejar, como algo intocable, la ayuda institucional a los más débiles de entre los nuestros, los que dependen de nosotros más de lo que todos dependemos de todos, nuestros dependientes, sin perder de vista que la ayuda es para quien los cuida, pero también y especialmente para ellos.

 Hace años, durante un curso que hice en Valencia reparé en algo extraño. Me preguntaba porqué esa ciudad no tenía niños, quizás porque me acordaba de mis hijas. No los vi, día tras día, porque estaban en la escuela. Ahora, en vacaciones, los niños escapan de casa y, si no tenemos donde aparcarlos, vuelven a la calle a jugar y a generar molestias a los ancianos, que son generalmente los más quejicosos. Cuando empieza el curso desaparecen otra vez.

Lo mismo sucede con los discapacitados. El domingo, por una calle vacía de coches tras el paso de una procesión, encontré a Manolín, un hombre de mi edad que sufre un retraso mental oligofrénico. Su alma no ha envejecido. Sigue siendo un niño. Con voz de hombre se dirigía, vocalizando como un crío, hacia el joven que lo retiraba del paso procesional. Debiera de ser su sobrino, por parecer bastante más joven que él y guardar cierto parecido físico. Cuando éramos chicos solíamos encontrarnos para compartir su compañía; era amigo de mi hermano menor aunque era mayor que nosotros, porque, a cierta edad, tres o cuatro años más se notan mucho en el desarrollo físico. Lo recordaba más alto y es que lo era respecto de mi cuando compartíamos la infancia y cuando dejé de verlo. Me ha sorprendido volver a dar inesperadamente con él y me he alegrado para enseguida entristecerme. Recuerdo que se le caía el moco y su madre le solía pasar un pañuelo para limpiarle la baba, de forma mecánica pero llena de resignado cariño. Hoy sigue igual.

Como a todos los grandes discapacitados, para el desahogo de la familia, a Manolín lo tienen internado en un centro de otra provincia y la familia lo recoge en época de vacaciones, no sé si porque cierran el Centro o porque entonces tienen tiempo para traerlo a su lado. Eso creo porque es lo que sucede en otros casos que conozco mejor. Está bien, siempre que no se pierda de vista que la ayuda es necesaria y que debe servir para cohesionar a las familias y, en todo lo posible, integrar a quien la recibe.

No aguantamos las creaciones imperfectas; eso pienso algunas veces. Nos quitamos de encima a quienes van a nacer con una discapacidad, a los enfermos mentales, a los viejos, a los débiles. Incluso los niños están aparcados todo el tiempo para que los padres tengamos tiempo que dedicar al trabajo que no nos permitirá tener hijos a los que dar el producto de lo que hacemos. Hasta los niños, por no estar maduros, son creaciones imperfectas. No dejamos de quererlos, pero nos entorpecen la vida cotidiana.

Siempre que veo un gran discapacitado recuerdo una película antigua, en blanco y negro, titulada en español "La parada de los monstruos" ("Freaks" en inglés, simplemente) en la que un grupo de actores, de veras tarados genéticamente,  interpretan unos magníficos papeles en el film, con un argumento que trascurre en un circo, lugar en el que solían acabar para su exhibición toda clase de anormales presentados como engendros de feria. El tema de la película debiera hacernos pensar, porque la altura moral de los personajes se mantiene solo respecto de los contrahechos reales que participan en la película y seguramente encontraron en algún cottolengo, esos hospitales de caridad donde iban a parar los que hoy elimina la eugenesia. Los personajes perfectos, hermosos, inteligentes  son los caracteres de la obra realmente malvados.

 Esta producción generó un escándalo cuando se proyectó allá por los años 30 del siglo pasado; en algunos países se prohibió y solo a partir de los 70 se ha considerado una obra de culto. En ella se hería la sensibilidad de los bienpensantes que consideraban una ignominia la mera exhibición de ciertas personas, no sé si por motivos éticos o estéticos. Ya en el antiguo Derecho Romano, a los que nacían deformes se les consideraba "monstrua" y no personas. En el film, ellos mismos hacen piña bajo el lema "quien ataca a uno de los nuestros, ataca a todos", y con ese argumento se organiza la venganza por la traición que sufre el protagonista (no cuento más...). 

Lo mismo me decía; ellos son los nuestros y tenemos que protegerlos más por eso y por todo.

En eso pensaba cuando veía alejarse a Manolín, a quien quizás ya no vuelva a ver. Patizambo y grandullón, del brazo de quien cuidaba de él.  Mocoso e inocente.

miércoles, 16 de abril de 2014

PLATÓN Y LA MANDARINA.

Platón, en su obra "El banquete", se refiere a unos personajes mitológicos, con anteriores y variadas referencias literarias, llamados "andróginos". En la edad dorada, los seres humanos eran hombres, mujeres o andróginos, unos tipos redondos unidos por el vientre, con dos sexos, una cabeza con dos caras y cuatro extremidades. Los andróginos podían tener dos sexos iguales o diferentes.

Andrógino viene de una composición de la palabra hombre y mujer en griego, formando una sola.

Estos seres eran de una fuerza increible y llegaron a enfrentarse a los dioses, por lo que Zeus los partió en canal, separando sus dos mitades y convirtiéndolos en seres humanos corrientes; aunque pensó antes en exterminar a toda la humanidad, no lo hizo por no quedarse sin quiénes le adoraran.

Desde entonces, una parte de la humanidad pasa la vida buscando a otra parte de la misma, o sea, a su otra mitad. Hombres que buscan mujeres, mujeres que buscan hombres, hombres que buscan hombres y mujeres que buscan mujeres.

El concepto existe en muchas culturas, los franceses llaman a ese amor perfecto "la mitad", los alemanes y los ingleses "la mejor mitad", los italianos la "media manzana" y los españoles "la media naranja".

Hablando de la naranja y de las vueltas de las palabras y las ideas que representan en el tiempo, el vocablo es árabe (náransh es naranjo y náransha es el fruto) pero referido a la naranja amarga. La palabra pasó a muchas lenguas de Europa, referida al fruto, pero a unos paises con el nombre de la planta y a otros con el de la fruta (naranja, laranja, arancia o bien orange desde al francés a otras lenguas).

La pequeña naranja dulce se llama "tangerine" en francés, nosotros la llamamos mandarina, por su origen chino. Tangerina es porque fue en Tánger donde la sembraron por primera vez los portugueses, pues era esa ciudad una colonia lusitana allá por el  final de la edad media y, curiosamente, en árabe hoy mandarina se dice "shina" o "burtiqal", o sea, China o Portugal, ya sea referida al origen o su primer lugar de cultivo occidental.

Las ideas y las palabras cruzan los países y el tiempo; a veces vuelven. La gente se cree muy diversa pero tiene mucho más en común de lo que supone.

domingo, 13 de abril de 2014

BUENA NOTICIA

Hoy  empieza la Semana Santa. Es una manifestación de religiosidad popular variada, mezclada de sentimientos, creencias, expresiones artísticas en las que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo.


En este punto, o crees o no crees. Hay una tercera opción, crees pero de otra manera, o sea, dudas.

Yo no pretendo más que compartir algunas reflexiones de pasada con los amigos que me honran leyendo este blog, y todo, como siempre, desde la perspectiva personal y la vertiente humana de este importante misterio, que es la expresión de religiosidad más importante de nuestro país.

La fuente histórica que nos refiere la buena noticia es el Nuevo Testamento (buena noticia o evanguelion en griego). Sobre los libros que lo componen (libros y cartas, más los Hechos de los Apóstoles que podría ser una segunda parte del Evangelio de Lucas) no podemos sino referirnos, según la dogmática histórico-científica laica, a la tradición.

Según Piñero, una reconocida autoridad acedémica laica en la materia, es incuestionable que el Jesús histórico existió, aunque autores como Puente Ojea y otros hablan de que simplemente fue un mito. Incluso hay quien dice que no fue más que la transposición de la figura de Apolonio de Tiana que conocemos a través de Filóstrato, un personaje de su época; una especie de héroe actual que era capaz de sanar y hacer milagros. Esto a mi no me preocupa, me vale más lo que se aprende de la figura, incluso dudando de su historicidad, que perderme en disquisiciones histórico-filológicas por lo que luego diré. Se cuestiona incluso la historicidad de Pitágoras, pero fuera como se llamara si es que existiera, sus conocimientos son de una indudable utilidad.

Que el Jesús histórico existiera pues, es admitido por la inmensa mayoría de los historiadores y filólogos; en lo que ya no hay acuerdo es en la interpretación que después se hiciera de su figura. Para la mayoría de los científicos era un rabino de provincias, fiel cumplidor de la Ley pero, dentro de las variadas corrientes del judaísmo del siglo I, pertenecía a una que admitía la resurrección de los muertos y la necesaria preparación para la venida del fin de los tiempos, que resultaría inminente. Hasta el siglo III hubo una obsesión en interpretar literalmente el fin del mundo y fueron muchos los apocalipsis que se escribieron, aunque solo el de Juan (de cuya vida los historiadores saben poco más) se ha tomado como texto sagrado por la Iglesia Católica.

Lo cierto es que en el Evangelio se hace referencia al fin de los tiempos que sería inminente, incluso en la misma generación de los que vivieron por entonces. De ahí la urgencia a no preocuparse por lo mundano sino a estar preparado para la venida del Mesías que liberaría al pueblo elegido. Según la dogmática alemana solo así se puede entender, encuadrar históricamente, la figura de Jesús y desde esa perspectiva comprender su mensaje que sería el de la urgencia por la llegada del día del juicio, para encontrarse entre los salvos escasos que pasarían la prueba, los que serían unos elegidos de entre los judíos; o sea, como si fuera una especie de mensaje nacionalista más de los que existían a la sazón. El sermón de la Montaña, las Bienaventuranzas, no serían tal vez más que un mensaje de liberación para un pueblo oprimido que iba a ser liberado para vivir en un reino de justicia.

En la crucifixión, pena muy difundida en la antigüedad, se aplicó un proceso penal romano denominado "cognitio extra ordinem" que sería una especie de Juicio Rápido para ejecutar al reo.

A mi me conmueve la soledad del hombre ante la muerte y su pregunta por el abandono de Dios. No hay expresión más intensamente íntima que el miedo a la muerte y al abandono; en estas palabras se contiene la necesidad que todos tenemos de amor y de protección. En arameo traducido al griego, sabemos que el crucificado, quizás rezando el salmo 22 que iba cumpliéndose en su agonía a partir del versículo 22, iba preparándose para el final de su vida y pregunta a Dios porqué le ha abandonado (es llamativo que tal vez podría traducirse "para qué" me has abandonado, --"Elohi, Elohi, lema shabaqtani"-- pues la transliteración al griego desde el arameo, o el hebreo, no nos permite tener la certeza sobre la lengua original en que se pronunciaron, si fue en la primaria del salmo o el la vernácula que hablaban los judíos del siglo I; es algo así como sucede con nuestras Jarchas, que al transliterarlas del romance al árabe faltan sonidos y no sabemos exactamente qué dijeran estos poemas hermosísimos en lengua románica y no por eso dejamos de admirar su impactante y sencilla belleza, igual que es increiblemente intenso el dramatismo de la agonía del considerado Hijo de Dios que, a ojos del hombre de hoy, o duda del auxilio de su padre al ver cerca la muerte o reza un salmo preparándose para ella como cualquier mortal.

Fue Pablo de Tarso, cuyas cartas serían los textos más antiguos del Evangelio, quien hizo ese mensaje de liberación más amplio, al incorporar al cristianismo a los gentiles, que tal vez fuera algo así al principio como una secta judía. El vehículo de transmisión de la noticia fue la lengua griega koiné, utilizada por autores de origen semita. En este sentido, todo el contenido moral de los evangelios como sucesos históricos, debieran entenderse también ,según Pablo, desde la provisionalidad, en tanto se esperaba la cercana "parusía", o segunda venida del Cristo (palabra griega que sustituye a la hebrea Mesías), pero incorporando a los gentiles al movimiento religioso, promoviendo así la expansión del mensaje, basándose posiblemente en las Leyes de Noé, que permitía extender el pacto con Dios a miembros no estrictamente judíos.

A mi no me importa mucho lo que durante siglos ha sido un debate inacabable sobre cuáles son los textos canónicos; si el Evangelio de Marcos es anterior a Mateo y Lucas y si tenían que ser solo cuatro, para que se cumpliera lo dicho por Ezequiel en el Antiguo Testamento. Se toma hoy por bueno el texto en griego de Nestle y Aland, el cual cada año se vuelve a matizar en su traducción por la dogmática alemana en una inacabable reinterpretación filológica del texto que poco o nada quita al mensaje central del mismo. Que haya una fuente anterior perdida, de "logia" o dichos de Cristo,  la cual sería la fuente de los sinópticos (El evangelio Q perdido o Quelle en alemán, fuente) me parece de una importancia relativa, porque la filología histórica va depurando estas hipótesis y últimamente algunos cuestionan este evangelio perdido, aunque otros, tras la aparición del Evangelio de Tomás en Nag Hammadi, mantienen que los textos no eran cuatro, sino posiblemente más, entre los que podrían incluirse contenidos de algunos evangelios no canónicos como los apócrifos. Como tampoco me parece relevante que algunas cartas, que también forman parte de las Escrituras, pudieran ser apócrifas o escritas por discípulos, o que el Evangelio de Juan, como el de Tomás mencionado, tuvieran influencia helenística del pensamiento gnóstico neoplatónico.

Hubo algún talibán como Taciano que lo arregló todo tirando por la calle de enmedio; refundió los evangelios sinópticos en uno solo, corrigió las discordancias naturales  en todos los textos históricos, y redactó el evangelio único o "diatesseron", predicó el desprecio por la cultura grecolatina, prohibió el consumo de vino incluso en la misa e hizo obligatoria la abstinencia carnal con el fin de conseguir se que extinguiera la especie humana, producto del pecado de Adán que no había sido perdonado por el sacrificio pascual. Enseguida lo echaron de la Iglesia, aunque estas reglas se incorporaran a la misma por parte de los eremitas, pero sin cuestionar la parte más importante de la buena noticia; por el sacrificio de Cristo  estamos salvados. Todos.

Desde el principio el cristianismo ofreció, como otras religiones mistéricas, la redención, pero la concretó en su inminencia, en la necesidad de ayudar a los hermanos y en dar menos importancia a algunos aspectos externos (como la circuncisión) que a la fe y a la alegría por creer que un Dios nos salvará de nuestra condición humana.

Se dirá que todo esto se ha ido alejando mucho con el tiempo del mensaje primero, que la Semana Santa es una expresión folklórica para recordar unos textos alterados por la historia. A esto,  desde la perspectiva meramente cultural cabe objetar que la mayoría de los textos de los escritores antiguos nos han llegado alterados, incluso muchos de los tenidos por ciertos históricamente, lo que sucede en muy escasa medida en los miles de manuscritos evangélicos y, en cuanto a la estética de las expresiones externas de la fe, quizás producto de la Contrarreforma, cabe objetar que no hay manifestación del pensamiento humano que no pueda tener una expresión artística, es consustancial al Homo Sapiens: si la fe puede inspirar algo hermoso y no excluyente de otras formas de belleza, estamos ante la posibilidad de disfrutar de la pluralidad del mundo y de las ideas, tan bellos como son.

Y puestos a disfrutar de la belleza inspirada por la fe, tengo que recomendar la recreación del Cantar de los Cantares de Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual, la poesía más hermosa que se haya nunca escrito.

Luego cada uno vive a su manera; unos leen para entender, otros rezan, otros hacen fuerza llevando un pesado trono con una imagen pesadísima que cargan en compañía de sus hermanos durante kilómetros...Otros se plantean que el mensaje es lo importante; que el Sermón de la Montaña es la piedra angular de la cultura occidental, se quiera o no, y que si en algo vale en estos tiempos la vieja solidaridad de los primeros cristianos, valgan las bendiciones de Mateo, 25: "Tuve hambre y me dísteis de comer, tuve sed y me dísteis de beber, era extranjero y me acogísteis, estaba desnudo y me cubrísteis, estuve enfermo o en la cárcel y me visitasteis...y esto lo hicísteis cuando lo hicierais por el más insignificante."

sábado, 12 de abril de 2014

LA ZONA GRIS

Decía Primo Levi, en su obra "Si esto es un hombre" que , quizás, los grandes daños de la historia reciente se explican porque unos cuantos, los menos, carecen de todo escrúpulo a la hora de tomar ciertas decisiones y otros, los más, se mueven en una zona gris en la que los reparos morales ceden ante los intereses personales, y ceden más cuanto más perentorios son los mismos. Hay una serie de mecanismos mentales y morales o culturales de control que ceden en cuanto cambian las circunstancias, es como si fueran unos muelles sutiles que pueden dejar de ser de tensión para pasar a convertirse en resortes de presión.

Lo llamativo es con qué frecuencia se produce este cambio de sentido; según nos convenga algo, lo relativizamos en función de nuestros intereses. Casi todos nos movemos en la "zona grigia" de la indefinición y la debilidad.

Vengo del Parque del Pilar. Las glicinias penden en flores arracimadas. He tomado una fotografía de ese espectáculo que, año tras año, vengo presenciando. Sobre un banco estaba durmiendo Mateo, un sujeto al que conozco desde la infancia. De siempre ha sido un tipo violento; una persona que no ha sentido la menor empatía por los sentimientos de los demás. Inteligente, manipulador, pero perdido en su laberinto se dio al consumo del caballo y acabó en prisión.

Con el tiempo supe que era simplemente un psicópata. Recuerdo que, por ser de la misma edad, nos juntábamos a veces con otros amigos y, en plena efervescencia hormonal, íbamos a las cercanías de una residencia femenina a ver pasar chicas en flor. Éramos críos que empezaban la adolescencia, algunos con más rasgos infantiles que de púberes, como era el caso de Mateo que tenía una mente tarada en un cuerpo de niño. Sacó un tirachinas, lo tensó cuanto daban de sí las gomas y con una precisión increíble disparó una piedra contra la nalga de una chica, por el mero hecho de que fuera hermosa; como si fuera un simple objeto sexual al que someter a la violencia con una herramienta infantil pero con un instinto claramente predatorio.

La chica, una moza de unos 16 años, se volvió de repente con lágrimas en los ojos; yo lo veía desde un banco situado enfrente. Los que estaban con Martín se reían y él, serio, volvió a tensar el tirachinas para repetir la acción. La chica se asustó y llorando intentó encontrar la entrada de la residencia.

Tras acabar la EGB  perdí contacto con él y supe que estuvo 12 años en la cárcel por violar en grupo a una chica en un pueblo de la provincia.

Cuando salió de la cárcel se dedicó a pasar heroína cortada unas veces, después rebujado de droga, tarea que hacía compatible con el chuleo de varias mujeres, entre ellas su pareja, a las que, a cambio de caballo,  sometía a la prostitución.

En un ajuste de cuentas, borracho, en una feria de un barrio de la ciudad, otro camello le dio una tunda y me ofreció cincuenta mil pesetas si le daba una paliza al sujeto que lo agredió. Estaba borracho, drogado y metió en mi bolsillo un fajo de billetes a cambio de que esperara al otro pájaro y lo mandara al hospital. Él no se tenía en pie. Siempre fui pacífico, pero de joven, yo era un tipo contenido aunque bastante fuerte y unos días antes, en defensa de mi hermano menor, me las vi con un adulto al que le sacudí de lo lindo, por ese motivo, seguramente, recurrió a mi, considerando que fuera un tipo violento antiguo compañero de correrías. Nunca hubiera aceptado dinero por agredir a nadie y solo hubiera actuado para defenderlo, incluso a él, pero nunca para ser instrumento de venganza.

Meses después ajustó la cuentas al otro y le echó las tripas al aire con una navaja. Volvió a la cárcel. Volvió a salir y siguió con su doble tarea de pasar caballo, ser simpático con toxicómanas a las que protegía y apaleaba alternativamente, para reconciliarse a cambio de más caballo con el fin de conseguir que volvieran a tener sexo prostituido a cambio de dinero que él se quedaba y cambiaba por droga.

Murió su mujer de SIDA. Tuvo una hija con ella que seguramente cuidaría la familia o la asistencia social, mientras entraba y salía de prisión.

Esta mañana, bajo las glicinias, con aspecto patibulario, enfermo de morirse, me ha pedido 50 euros por los viejos tiempos. Aparentaba debilidad y quería provocar misericordia, entraba en la zona gris para, en cuanto tuviera 50 euros, olvidarse de mi, y con la pasta comprar algo de rebujado para pasar el día.

Se los dí:

---"Toma. Cómprate algo para comer. No vendas la metadona y no te metas nada. A partir de ahora no me conoces. ¿Entiendes?"

---"Vale, Rolan, siempre has sido un tío legal. Ya no te molestaré. Por los viejos tiempos"

Seguí tomando fotos de la primavera y él se fue hacia el barrio marginal de las inmediaciones, a comprar mierda que meterse.

Pronto aparecerá muerto o acabará sus días en el hospital.

 Solo.

jueves, 10 de abril de 2014

CUCO




Esta mañana he recibido una llamada de mi madre. Habíamos quedado en llevar a consulta veterinaria a su perro, un Yorkshire Terrier que ha sido su compañía desde que falta mi padre y antes acompañó a ambos.

---"Dime. Ya sé lo del veterinario. No se me ha olvidado."

---"No, si ya he ido yo. He tenido que sacrificar a Cuco", me explicaba llorando con desgarro.

La he consolado diciéndole las consabidas excusas de que estaba enfermo, de que lo habían atendido varios facultativos y que no había más remedio que hacer lo que se ha hecho.

Enseguida se me ha olvidado, pero, al volver del trabajo he pasado por la calle donde se encuentra la clínica veterinaria. Creo que cambiaré desde hoy el camino de vuelta.

Al pasar pos allí he reflexionado sobre la cercanía que hay entre los sentimientos de  tristeza y de culpa y en lo diferente que son las sensibilidades de nuestros sentimientos y las formas de suplir nuestras carencias.

---"Si supieras cómo me miraba...", decía mi madre esta mañana, echando de menos al pobre animalillo el cual, con una inteligente e intensísima mirada, parece que entendía todo lo que pasaba y seguro que hizo a mi madre sentir que lo dejara en abandono. En casa, cuando hablábamos, miraba alternativamente a uno u otro, como si estuviera siguiendo la conversación; aunque seguramente solo estaba atento para descubrir alguna señal de cariño a la que responder con todo su afecto.

Para cargarse de fuerza fue mi madre con su amiga al veterinario y evitó que tuviera que llevarlo yo, para no hacerme pasar  el mal trago, porque fui yo quien, por propia iniciativa, lo presenté allí cuando ya estaba desahuciado;  para conseguir una segunda opinión facultativa. Ya era viejo, pero era listo y muy cariñoso. Desde que llegó a casa, siendo un cachorro minúsculo, siempre se alegraba al vernos llegar; expresaba su desaforada alegría con ladridos, saltos y cabriolas hasta que lo acariciábamos y empezaba a serenar su felicidad. No he conocido un perro más amable y agradecido.

Es quien la ha acompañado desde que falta mi padre. Quien la acompañó. No se había separado de ella hasta hoy.

Tras la triste noticia, he visto cruzar por el paso de peatones de la Escuela de Idiomas a un invidente que creo haber encontrado en otras ocasiones. Va con un perro Labrador negro. Para en el semáforo con el animal a su derecha, sujeto por un arnés con forma de asa. Cuando el sonido del semáforo se activa se oye que pronuncia un monosílabo casi imperceptible y el animal arranca con paso firme, justo a su vera, para cruzarle con seguridad. El hombre anda de forma más insegura. Como a zancadas. Levantando los pies, manera en la que se desplaza tal vez para evitar tropiezos. Se pierde entre los peatones junto al perro como si viera por sus ojos. Imagino cómo debe querer ese buen hombre al perro guía.

Estamos necesitados de afecto, la desafección, la omisión del deber de cariño es una culpa que a veces y a buen seguro debe de pesar sobre nuestros corazones. Los que van sobrados, quieren a los animales de forma íntima y sincera. Otros quieren a los animales como si fueran personas y otros más creen que los animales no son inteligentes, no tienen sentimientos y son  poco más que un vegetal o una propiedad material ordinaria.

En este laberinto nos movemos, pero quienes piensan que los animales no son inteligentes o no sienten se equivocan; de pocas cosas estoy tan seguro como de esto.

Un perro guía puede aprender el camino de su dueño de memoria y lo hace tan a la perfección que, cuando se asfalta una calle y se altera alguna marca vial el animal se para y no cruza, teniendo el dueño la certeza de que nunca lo llevará por un mal camino, algo que no podemos afirmar en todo caso de las personas.

Los que vemos no vemos esas cosas. Los que tenemos la certeza afectiva no somos capaces de imaginar cómo puede querer un animal que no se aparta de tu lado en toda su vida y te lleva por los vericuetos del día a día recorriendo calles o acompañándote a los pies del sofá en silencio, cerca, mientras ves la televisión y no ves lo que realmente está pasando, un milagro de afecto que recibimos de los perros a cambio de un poco de pienso y agua. A cambio de mucho menos cariño del que nos dan.

miércoles, 9 de abril de 2014

PASION

Pasión por el cine y la música. Por si no volviera a escribir antes de Semana Santa, a quienes me acompañan leyendo lo que escribo, esta vez les regalo un aria cantada por la gran Delphine Galou. Es una parte de La Pasión según Mateo de Bach. Se titula "Erbarme dich, mein Gott" y el título, con una sencilla letra, va pidiendo perdón a Dios y se lo pide desde su corazón, rogándole que mire sus lágrimas. No es más que un hermoso poema sobre la piedad. Solo eso dice; escuchad la música.

https://www.youtube.com/watch?v=BBeXF_lnj_M&list=RDBBeXF_lnj_M

Es la entrada de una película titulada "Sacrificio", de Tarkovski. El aria y el film están a la altura.


https://www.google.es/search?q=tarkovski+sacrificio&rlz=1C1AFAA_enES432&oq=tarkovski+sacrificio&aqs=chrome..69i57j0l5.12447j0j7&sourceid=chrome&espv=210&es_sm=122&ie=UTF-8

Disfrutad.