Solo hay algo más importante que la inteligencia; la bondad. La falta de bondad anula la capacidad de entender; no ponerse en el lugar del otro hace que desde el principio yerre el entendimiento.
He terminado la lectura de un libro sobrecogedor relativo a la época de la Gran Purga estalinista. Se titula "El borracho y la vendedora de flores. Autopsia de un asesinato de masas" (Ed. Tallandier) y es una descripción detallada, una crónica explicativa con gran cantidad de detalles de las purgas que muchos cargan sobre Stalin, pero que, en realidad, fue la concreción histórica de un pensamiento totalitario que arrasó Europa; un continente que enloqueció tras el trauma de la primera Guerra Mundial.
El libro de Werth empieza describiendo el caso de un revisor de trenes que en una estación cercana a Moscú, borracho, arroja en la cantina una botella que viene a dar contra el retrato del presidente de la URSS. Mediante el inconsistente testimonio de dos testigos, en un procedimiento extrajudicial, administrativo, similar al que en nuestro país se tramita y finaliza con una multa de tráfico, en menos de una semana, el alborotador fue ejecutado mediante un tiro en la nuca, típico procedimiento de "fusilamiento" bolchevique.
Decenas de miles de personas murieron de esta forma bajo el dogma totalitario. Una instrucción secreta de Stalin reclamaba un número de detenciones y ejecuciones que había que alcanzar, dependiendo de los estados, las etnias o la condición social (antiguos propietarios de tierras, finlandeses, polacos, lumpenproletariado; desarraigados, niños mendigos...etc) que ocasionaron la muerte de muchos millones de personas por ejecuciones sumarias, hambre o enfermedades. Y todo esto en nombre de un ideal, nacido tras este sangriento parto, que pretendidamente traería igualdad, libertad y fraternidad. Otra vez. Todo esto en nombre de la razón, la lucha contra la opresión; la igualdad como liberación de los oprimidos.
En otro libro del mismo autor se da cuenta del genocidio de Nazino, una isla en medio de Siberia a la que fueron deportados varios miles de "indeseables" que acabaron por practicar el canibalismo
("L' île aux cannibales").
Como muchas veces ha sucedido, cuando la violencia cruda es la partera de la historia, a la acción sucede la reacción. Tras la Primera Guerra Mundial llegó un tratado injusto que humilló a Alemania tanto como este país había humillado antes a Francia, agredido en esta ocasión, pero agresor tantas veces en el siglo XIX. Alemania, para alcanzar la linea de flotación de los aliados, envió un torpedo llamado Lenin a organizar una revolución en el interior de un estado monárquico medieval y casi esclavista. Nació el experimento soviético y la aplicación práctica de la lucha de clases marxista que acabó en las ejecuciones de masas y el Gulag.
La reacción acabó en la Segunda Guerra Mundial (hoy se cumple aniversario del infame lanzamiento de la bomba de Nagasaki), con la mayor carnicería que los tiempos hayan conocido.
Leyendo el libro de Werth uno concluye inmediatamente que lo que se relata no es posible más que cuando el poder cae en manos de un dictador enfermo, en el seno de una sociedad enferma, mediante el ejercicio del poder sin límites, en el que se desconocen los Derechos Humanos que, proclamados en la posguerra y recogidos por muchos países, son sistemáticamente despreciados en demasiadas ocasiones.
En un proceso de alucinación colectiva que también encontramos en Alemania y recuerda a la lógica sectaria y al metalenguaje de los terroristas, se creaban órganos que pretendidamente representaban al pueblo, a los soldados y trabajadores en un experimento alternativo a la democracia representativa ("democracia burguesa") pero que no era más que un proceso de decantación hacia la dictadura unipersonal. Trotski, judio ucraniano; asesino asesinado por Stalin, fue quien creó el metalenguaje representativo de una supuesta realidad alternativa a la burguesa; así, el Gobierno se llamaba Sovnarkom ( siglas de Consejo de Comisarios del Pueblo), los ministros eran "comisarios" y los encargados de "misiones especiales" eran los verdugos.
A nuestros ojos parece increíble que la humanidad pueda llegar a la degradación de las sociedades totalitarias europeas del siglo XX; todo sucedió porque gente inteligente consideró serlo más de la cuenta, se armó de un pretendido dogma superior y empezó a construir una Historia de liberación que nacería tras una violencia que debería ser transitoria en el proceso de nacimiento de la libertad. Lo que sucedió realmente ya lo conocemos.
Sin embargo en esa sociedad esquizoide existía el sentimiento de culpa ya que muchos eran conscientes de lo que estaban haciendo. Modernos autores informan que Stalin se confesó varias veces en su vida. En el libro de Nicolas Werth se reproducen informes de altos cargos políticos que transcriben secretamente otros de los responsables de los campos de concentración, en los que se dice que la gente muere de frío, que no hay ropa, que se comen a los perros y padecen tuberculosos o tifus, que al no tomar verdura en meses sufren escorbuto y que eran tantos los deportados que llegaban que morían a miles de frío siberiano o de pura desnutrición.
A la muerte de Stalin, Kruchev inició el proceso de revisión de la política soviética con el informe secreto al Congreso del PCUS, pero uno de los más competentes ejecutores de la política de disparo en la nuca y deportación había sido él, que organizó a su vez el asesinato del genocida Beria para hacerse con el poder.
A estas alturas, sin embargo, la violencia política no es agua pasada; esta mañana se han reanudado las hostilidades en Gaza. ¿Qué diferencia hay en considerar prescindible y objeto de eliminación a un alcohólico por considerarlo residuo marginal, un deficiente mental por ser una carga social o un judío o palestino por el mero hecho de serlo?
Durante la Segunda Guerra Mundial, la juventud europea en plena carnicería escuchaba a Piaf, Dietrich o a Vera Lynn (tiene 97 años) y su famosa canción "We`ll meet again" (Nos veremos de nuevo", una promesa a la espera del reencuentro con quien perdiera la vida). En la tragedia, las tres cantantes se entregan a la esperanza del amor, en canciones de desgarradora belleza.
Os regalo "We'll meet again" de la magnífica Lynn. Una canción a la esperanza. La canción más triste y esperanzada que se haya cantado.
Mientras que en la más trágica zozobra haya canciones al amor y la esperanza, la lucha por la bondad y la razón no está perdida.
https://www.youtube.com/watch?v=OJKMji2688M
sábado, 9 de agosto de 2014
viernes, 18 de julio de 2014
LUNA VIEJA
Esta noche me ha despertado la luna. Creí que estaba amaneciendo. El pasillo del dormitorio se encontraba en una clara penumbra, como si se tratara de una hiperbórea noche blanca., esas noches polares que son de día sin serlo, pero tampoco son noches. He recordado una buenísima película de Norman Jewison protagonizada por un joven N. Cage y Cher, representando los papeles de unos miembros de una familia italoamericana. Es una película coral con muchos coprotagonistas, pero,como resulta con otras de este tipo, como la obra maestra "Dublineses", vas entendiendo la vida de cada uno, en cada uno, con sus traumas, sus amores, sus traiciones, su generosidad y su mezquindad; con su silencio. En "Dublineses" el nudo se desata cuando la esposa explica a su marido, amante pareja, que está triste porque desde su adolescencia recordaba a un joven pretendiente que murió de frío esperándola a la puerta de su casa, de lo que nunca había hablado a su buen esposo. En la película que comento de Cage y Cher, entiendes de pasada el núcleo de la misma cuando dos maduros cónyuges comentan que, la luna, que entraba blanca por la ventana, era la misma que brillaba cuando dos miembros de su familia se conocieron y, en ese momento, les hacia, de alguna forma, conocerse mejor a ellos, en el silencio de la noche, tras el paso de los años... la misma luna. La película me impresionó positivamente en su día y pude asistir a su temprano estreno en los cines Alphaville antes del doblaje, allá por los años 80 del siglo pasado. Finaliza con un brindis de los coprotagonistas que, viviendo cada uno su vida, en compañía, toman un trago "alla famiglia" ; el film te deja un tanto descolocado por cuanto puedes discernir que, de alguna forma, tal vez todos sucumbamos a ese "Hechizo de luna", que es como se titula la película ("Moonstruck").
El mismo hechizo me hacía recordar el film, mi juventud y, al tiempo que me sentía joven porque tantos años aún no han hecho mella en mí, no podía dejar de recordar que siempre la luna ha sido un reloj que ha servido para marcar el paso del tiempo. Sin mucho que añadir, diré que la luna creciente es la mitad del mes lunar, camino de la luna nueva y ahora los musulmanes hacen un mes de ayuno diario que pueden romper al ocaso. La luna en árabe tiene el bonito nombre de Al qamar.
Por la tarde empezaba a verse por levante una increíble luna rojiza, enorme, que se podía apreciar incluso antes del ocaso y fue haciéndose más visible hasta que, de madrugada, como digo, era de un brillo casi solar. Y se me vino a la memoria, desvelado ya, el soneto de amor oscuro de García Lorca que a continuación os regalo, en él el poeta urge a consumar los sentimientos, pensando en esa imagen del paso del tiempo conjugada en la decrepitud del sol frente a una luna llena, o luna vieja que él dice; planteando que los sentimientos siempre son urgentes, que hay que darlos y pedirlos, porque no nos espera más que el estremecimiento de la soledad eterna, de la que solo se puede escapar con la entrega, con una interminable relación que fuera como una madeja de inacabable amor:
"Que no se acabe nunca esta madeja
del te quiero, me quieres, siempre urdida
con decrépito sol y luna vieja.
Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida".
Hilvanando recuerdos insomnes se me vino a la memoria el musical de Forman, "Hair", en el que se anuncia el inicio de la era de Acuario, donde ya todos seremos mejores y no habrá mezquindad en el mundo, conforme pensaban algunos jóvenes de entonces, en una reacción al sistema que siempre demuestra ser ingenua, porque el sistema no es algo instituido, sino que somos nosotros. De este musical recordaba dos hermosas canciones "Let the sunshine" (deja brillar el sol) y "Aquarius", que parece que es lo único que haya sobrevivido; una marca de bebida isotónica.
Creían que al estar la luna en la séptima casa astral y alineados Júpiter y Marte, la paz y el amor guarían a los planetas y en el amanecer de la era Acuario, todo iba a ser armonia y entendimiento, simpatía y confianza en un mundo de sueños dorados y visiones cristalinas que nos llevarían a la verdadera liberación de la mente. ¡Qué jóvenes éramos y qué necesario sigue siendo el mensaje!
Os dejo el enlace y la letra.
Tiempo, cine y música. Y lo mejor es compartirlo con vosotros. Mirad al cielo.
https://www.youtube.com/watch?v=EhbxI5eVnM4
"When the moon is in the seventh house
And jupiter aligns with mars
The peace will guide the planets
and love will steer the stars
This is the dawning of the age of aquarius
The age of aquarius
Aquarius
Harmony and understanding
Sympathy and trust abounding
No more falsehoods or derisions
Golden living dreams of visions
Mystic crystals revelations
And the minds true liberation"
viernes, 6 de junio de 2014
TRAPECÍTICA 3
Y hoy en día vamos a peor. El propio expresidente de la Reserva Federal americana confiesa que no sabe cómo se ha producido la crisis ("The map and the territory: Risk, human nature and the future of forecasting", Penguin Press, 2013)
Se han incorporado numerosos mecanismos de estudio del equilibrio económico a largo plazo para prever las crisis mediante modelos dinámicos de equilibrio ectoclástico (aleatorio), siguiendo la obsesión loca de Adam Smith.
No han entendido nada de la Historia. La economía es la acción conjunta de millones de personas que trabajan por un interés propio saltándose las reglas de las leyes y siguiendo el único criterio de la persecución de la ganancia. Cuando el capital no puede incrementarse, se inventa el incremento, como ha sucedido en la actual crisis, durante la cual Greenspan intentó que fuera la mano invisible del mercado la que buscara el equilibrio. De locos.
Y pasó lo que tenía que pasar tantas veces a lo largo de la historia en una espiral cada vez más peligrosa: el crecimiento especulativo y los propios derivados financieros eran, en realidad, otra estafa diferida que, como ha sucedido tantas veces, no son más que peligrosos descubrimientos especulativos que han derivado al comercio mundial paquetes de deuda como nueva burbuja, pero esta vez de un montante de 10 veces el PIB de USA de 2002, llegando en 2011 a 700 billones de dólares, más de 10 veces el PIB global, según cálculos del Banco de Pagos Internacional. Ante esta enormidad hay que preguntarse porqué se llegó hasta aquí y cómo se va a salir de la crisis ahora.
Se confirma así lo que más de 300 años antes escribiera el escolástico Juan de Lugo:" Pretium iustum mathematicum licet soli Deum notum". El valor de las cosas sólo lo conoce Dios, y así debe de ser, pues a lo largo de los siglos se ha demostrado que la especulación dineraria y de activos ha creado enormes distorsiones que han generado innumerables ruinas, por la avaricia de convertir la regla personal de lo que las cosas valen en meras especulaciones financieras, construidas sobre el engaño y el peligro de alejarse de lo que son las cosas y lo que un buen padre de familia consideraría que pudiera ser su sagrado valor.
Se han incorporado numerosos mecanismos de estudio del equilibrio económico a largo plazo para prever las crisis mediante modelos dinámicos de equilibrio ectoclástico (aleatorio), siguiendo la obsesión loca de Adam Smith.
No han entendido nada de la Historia. La economía es la acción conjunta de millones de personas que trabajan por un interés propio saltándose las reglas de las leyes y siguiendo el único criterio de la persecución de la ganancia. Cuando el capital no puede incrementarse, se inventa el incremento, como ha sucedido en la actual crisis, durante la cual Greenspan intentó que fuera la mano invisible del mercado la que buscara el equilibrio. De locos.
Y pasó lo que tenía que pasar tantas veces a lo largo de la historia en una espiral cada vez más peligrosa: el crecimiento especulativo y los propios derivados financieros eran, en realidad, otra estafa diferida que, como ha sucedido tantas veces, no son más que peligrosos descubrimientos especulativos que han derivado al comercio mundial paquetes de deuda como nueva burbuja, pero esta vez de un montante de 10 veces el PIB de USA de 2002, llegando en 2011 a 700 billones de dólares, más de 10 veces el PIB global, según cálculos del Banco de Pagos Internacional. Ante esta enormidad hay que preguntarse porqué se llegó hasta aquí y cómo se va a salir de la crisis ahora.
Se confirma así lo que más de 300 años antes escribiera el escolástico Juan de Lugo:" Pretium iustum mathematicum licet soli Deum notum". El valor de las cosas sólo lo conoce Dios, y así debe de ser, pues a lo largo de los siglos se ha demostrado que la especulación dineraria y de activos ha creado enormes distorsiones que han generado innumerables ruinas, por la avaricia de convertir la regla personal de lo que las cosas valen en meras especulaciones financieras, construidas sobre el engaño y el peligro de alejarse de lo que son las cosas y lo que un buen padre de familia consideraría que pudiera ser su sagrado valor.
domingo, 1 de junio de 2014
TRAPECÍTICA 2
Y la crisis de las ciudades italianas se acrecentó más aún con la llegada del oro de América. El emperador Carlos tenía que pagar a los electores para conseguir el la corona imperial, consolidar bajo su cetro la "universitas christiana", para lo que tenía que conseguir apropiarse de la parte privada del oro depositada en los bancos de Sevilla y conseguir cada vez más oro que no hizo más que disparar los precios en España para acabar en Italia o Flandes, mientras el tejido industrial de nuestro país quedaba arrasado por efecto de la entrada del metal americano y desaparecían comparativamente los grupos sociales productivos.
Los bancos de Sevilla quebraron también, habiéndose establecido antes la regla del depósito con reserva fraccionaria y los créditos forzosos a la Corona. La crisis perfecta provocada esta vez por los poderes públicos y los bancos asociados. Como hoy en día.
Y seguían las admoniciones de los Escolásticos Dominicos: "No os metáis en negocios peligrosos, pues pecáis, aunque sucedan prósperamente y por el solo peligro en que se pusieron los depósitos" recibidos en los bancos.
Siguieron las sucesivas bancarrotas de nuestro país; Felipe II tuvo el honor de reinar en un período en el que estas cíclicas destrucciones de riqueza eran frecuentes. Igual que ahora.
La excepción se dio cuando un banco municipal garantizó el coeficiente de caja al cien por ciento y se financió con unos modestos millajes que resultaban rentables gracias a la seguridad que inspiraban en sus cada vez más depositantes. Un banco de hombres honrados: La Banca Municipal de Amsterdam, gracias a la cual los depósitos quedaban garantizados totalmente, mediante controles semanales de burgomaestres que certificaban que todo el dinero depositado seguía allí. Pero fueron la excepción.
Los ingleses experimentaron la vergonzosa estafa del Banco de Inglaterra con la burbuja inversionista de la Compañía de los Mares del Sur (es el nombre que los españoles dieron al Pacífico que, por entonces era el que todos usaban para designarlo). Otra burbuja. Otra estafa financiera y otro cataclismo económico.
También los franceses tuvieron su personal experiencia de captación fraudulenta de inversiones y sus cíclicas consecuencias cuando, tras la Guerra de Sucesión española, el tesoro real francés estaba en bancarrota (apropiada palabra). El Regente, Louis de Orléans fue convencido por John Law para que se sustituyera el depósito de dinero o facturas por la emisión de billetes bancarios de deuda pública, convirtiendo al rey, a través del regente, en un banquero de la peor calaña, pues se constituyó la Sociedad Comercial del Mississippi, para explotar las magníficas prospectivas de la Luisiana francesa que no era, en realidad, más que una descomunal estafa. La emisión de papel moneda sin reserva de respaldo, el invento de Law, sería un antecedente que seguirían las bancas desde entonces en una práctica aún más peligrosa que la de los depósitos a la vista que pasaban a ser préstamos fraccionados. Otro fiasco descomunal del que se aprovecharon sujetos como Richard Cantillon, el padre de la Economía Política, que se dedicaba a la admisión de depósitos de acciones de la Sociedad Comercial del Mississippi, con reserva de venta. Lo que hizo ya se puede imaginar (enseguida se convirtió en una nueva práctica, aunque a Cantillon quisieron encarcelarlo), vendió las acciones depositadas cuando el precio era más alto y las recompró cuando era más bajo: se acababa de descubrir la especulación bursátil. Arruinó a sus depositantes y se forró de dinero. La historia es terca, como se ve.
TRAPECÍTICA 1
Días atrás condenaron a unos banqueros de una caja del Penedés por lo que podría ser un delito de apropiación indebida o, tal vez, delito societario. No van a la prisión, pues ha habido acuerdo y han restituido sus pensiones millonarias. Ante el escándalo de la opinión pública que no entiende cómo en plena crisis alguien puede cometer tal atropello sin mayores consecuencias.
No es nuevo y es culpa de todos. También mía y tuya, del que lees esto, por aceptar que pueda negociarse con el dinero como si de una mercancía común se tratase, por depositar dinero a cambio de intereses y admitir que deben pagarte dinero por tu dinero. Se empieza así y acabamos todos donde estamos. Una y otra vez. La especulación lleva siempre a la euforia, la euforia al desafuero y, entes o después, a que el castillo de naipes especulativo se venga abajo, pues no es, ya se ve, más que cuestión de tiempo. Ciclos en los que todos enloquecemos para venir a dar de bruces, una y otra vez, contra la misma piedra.
Ya en la Trapecítica de Isócrates (muerto en 338 antes de nuestra era) encontramos lo que podía ser un primer documento jurídico en el que un depositante reclama su dinero al banquero, el cual no se lo restituye. Las preferentes, el corralito y todo lo demás ya se dió en la antigua Grecia (y el la nueva) y, desde entonces, sin parar.
Por aquella época los templos griegos eran conocidos bancos que crecían en un entorno favorable hasta que ya en época de Mitrídates explotó la primera burbuja financiera, en el siglo IV antes de Cristo, que hubo de resolverse con una moratoria de 10 años antes de recuperar los depósitos que los banqueros de Éfeso no podían devolver. Desde muy atrás la religión se ha manifestado en templos y en los templos ha habido comercio. Y siempre todo por lo mismo: dejas dinero para que te lo guarden, el que te lo guarda se lo apropia y lo presta a su vez, de manera que si quieres recuperarlo antes que que a él le devuelvan tu dinero te quedas sin el depósito. Así de sencillo. Una apropiación ilegal que todos admitimos cuando esperamos que por la entrega líquida recibamos unos intereses.
Ese es el problema, la contabilidad doble que ya en la Alejandría tolemaica se practicaba en los bancos y que los jurisconsultos romanos entendían como un robo: Si yo entrego un depósito no estoy otorgando un crédito. Esto,además, era pecado de usura y para evitarlo se recurrió a la institución del "depositum confessatum" que permitía encubrir el ilícito y pecaminoso negocio convirtiendo el depósito en un crédito fraccionado. Tan recurrente es el fraude de ley.
Durante el Renacimiento las ciudades italianas experimentaron un increíble desarrollo económico, cultural y social mediante la expansión financiera derivada de la multiplicación ficticia del valor del dinero depositado que generaba una mayor disponibilidad y tráfico financiero, inflando una burbuja que ya por el siglo XIV explotó una vez más, cuando los banqueros devolvían las monedas depositadas aleadas con metales no preciosos o las sustituían con el reconocimiento de la deuda con un simple pagaré. El pagaré no era admitido por los depositantes que no podían afrontar sus deberes mediante la devolución de sus depósitos indisponibles y, así, se ocasionaba un impago en cadena desde el banco hasta el último menestral que no podía cobrar su salario...todo por una pérdida de confianza de los que h¡nunca hubieran debido confiar en que el dinero aumentaba su valor por el mero cambio de mano. Hasta el siglo XVI parece que esas crisis fueron periódicas, por ser conocida la quiebra de la florentina Banca Ricci por entonces. Esta quiebra financiera provocó una falta de confianza y generó un subsiguiente "mancamento della credenza" que paralizaba la sociedad (nuestra contracción del crédito, tras la resaca de la especulación de años atrás).
No es nuevo y es culpa de todos. También mía y tuya, del que lees esto, por aceptar que pueda negociarse con el dinero como si de una mercancía común se tratase, por depositar dinero a cambio de intereses y admitir que deben pagarte dinero por tu dinero. Se empieza así y acabamos todos donde estamos. Una y otra vez. La especulación lleva siempre a la euforia, la euforia al desafuero y, entes o después, a que el castillo de naipes especulativo se venga abajo, pues no es, ya se ve, más que cuestión de tiempo. Ciclos en los que todos enloquecemos para venir a dar de bruces, una y otra vez, contra la misma piedra.
Ya en la Trapecítica de Isócrates (muerto en 338 antes de nuestra era) encontramos lo que podía ser un primer documento jurídico en el que un depositante reclama su dinero al banquero, el cual no se lo restituye. Las preferentes, el corralito y todo lo demás ya se dió en la antigua Grecia (y el la nueva) y, desde entonces, sin parar.
Por aquella época los templos griegos eran conocidos bancos que crecían en un entorno favorable hasta que ya en época de Mitrídates explotó la primera burbuja financiera, en el siglo IV antes de Cristo, que hubo de resolverse con una moratoria de 10 años antes de recuperar los depósitos que los banqueros de Éfeso no podían devolver. Desde muy atrás la religión se ha manifestado en templos y en los templos ha habido comercio. Y siempre todo por lo mismo: dejas dinero para que te lo guarden, el que te lo guarda se lo apropia y lo presta a su vez, de manera que si quieres recuperarlo antes que que a él le devuelvan tu dinero te quedas sin el depósito. Así de sencillo. Una apropiación ilegal que todos admitimos cuando esperamos que por la entrega líquida recibamos unos intereses.
Ese es el problema, la contabilidad doble que ya en la Alejandría tolemaica se practicaba en los bancos y que los jurisconsultos romanos entendían como un robo: Si yo entrego un depósito no estoy otorgando un crédito. Esto,además, era pecado de usura y para evitarlo se recurrió a la institución del "depositum confessatum" que permitía encubrir el ilícito y pecaminoso negocio convirtiendo el depósito en un crédito fraccionado. Tan recurrente es el fraude de ley.
Durante el Renacimiento las ciudades italianas experimentaron un increíble desarrollo económico, cultural y social mediante la expansión financiera derivada de la multiplicación ficticia del valor del dinero depositado que generaba una mayor disponibilidad y tráfico financiero, inflando una burbuja que ya por el siglo XIV explotó una vez más, cuando los banqueros devolvían las monedas depositadas aleadas con metales no preciosos o las sustituían con el reconocimiento de la deuda con un simple pagaré. El pagaré no era admitido por los depositantes que no podían afrontar sus deberes mediante la devolución de sus depósitos indisponibles y, así, se ocasionaba un impago en cadena desde el banco hasta el último menestral que no podía cobrar su salario...todo por una pérdida de confianza de los que h¡nunca hubieran debido confiar en que el dinero aumentaba su valor por el mero cambio de mano. Hasta el siglo XVI parece que esas crisis fueron periódicas, por ser conocida la quiebra de la florentina Banca Ricci por entonces. Esta quiebra financiera provocó una falta de confianza y generó un subsiguiente "mancamento della credenza" que paralizaba la sociedad (nuestra contracción del crédito, tras la resaca de la especulación de años atrás).
Hasta la Peste se convirtió en una ocasión para acumular capital en manos de los supervivientes e invertirlo en nuevos negocios, entre ellos la propia reconstrucción inmobiliaria de las ciudades toscanas. Lo mismo ha pasado tras las grandes guerras del siglo pasado, guardando las distancias.
Se repite la historia. Tantas veces.
Un escolástico español del Siglo de Oro decía de los banqueros: "Hambrientos tragones, todo lo roban y ensucian, salen a la calle son su mesa, su silla, la caja y el libro; como las prostitutas" y reconvenía a los que luego se quejaban cuando no les devuelven el depósito, pero sí aceptan que, a cambio, le paguen intereses "porque sabe que el banquero no le ha de guardar su depósito, sino gastar su dinero", calificando las ganancias de los bancos como "robos con los que os hacéis casas superbas, compráis ricas heredades, con excesivas costas familiares y muchos criados. Hacéis grandes banquetes y vestís costosamente, siendo que cuando os asentasteis a logrear erais pobres" y criticaba a los que depositaban a sabiendas su dinero en el banco para la especulación, ya que "la gente compra como si hubiera más dinero del que en realidad hay", advirtiendo otro escolástico: "pecan los cambiadores y los que les dan el dinero".
Lo dicho por S. de la Calle o Azpilcueta sería aplicable con extraordinaria actualidad a ciertos banqueros de nuestros días y a los que han vivido "por encima de sus posibilidades", pues, unos u otros a sus ojos serían a día de hoy responsables del actual crash.
El "pelotazo" no es de ahora, pues.
Lo que se ve en la televisión, lo de las estafas de las preferentes, la contracción de créditos que nos lleva a la recesión o la estanflación, la euforia etílica financiera de los pasados años, el edificio de engaño y loca confianza en que hemos vivido hasta aquí no tenía más solidez que una burbuja de las que, desde siempre, han venido estallando ante las narices de los que han recurrido a la especulación criminal y los que por ambición han entrado en el juego de entregar su dinero ahorrado a cambio de más dinero, pero fácil, siguiendo la lógica de quien cuestiona alegremente el valor de las cosas y la moral de las finanzas.
Se repite la historia. Tantas veces.
Un escolástico español del Siglo de Oro decía de los banqueros: "Hambrientos tragones, todo lo roban y ensucian, salen a la calle son su mesa, su silla, la caja y el libro; como las prostitutas" y reconvenía a los que luego se quejaban cuando no les devuelven el depósito, pero sí aceptan que, a cambio, le paguen intereses "porque sabe que el banquero no le ha de guardar su depósito, sino gastar su dinero", calificando las ganancias de los bancos como "robos con los que os hacéis casas superbas, compráis ricas heredades, con excesivas costas familiares y muchos criados. Hacéis grandes banquetes y vestís costosamente, siendo que cuando os asentasteis a logrear erais pobres" y criticaba a los que depositaban a sabiendas su dinero en el banco para la especulación, ya que "la gente compra como si hubiera más dinero del que en realidad hay", advirtiendo otro escolástico: "pecan los cambiadores y los que les dan el dinero".
Lo dicho por S. de la Calle o Azpilcueta sería aplicable con extraordinaria actualidad a ciertos banqueros de nuestros días y a los que han vivido "por encima de sus posibilidades", pues, unos u otros a sus ojos serían a día de hoy responsables del actual crash.
El "pelotazo" no es de ahora, pues.
Lo que se ve en la televisión, lo de las estafas de las preferentes, la contracción de créditos que nos lleva a la recesión o la estanflación, la euforia etílica financiera de los pasados años, el edificio de engaño y loca confianza en que hemos vivido hasta aquí no tenía más solidez que una burbuja de las que, desde siempre, han venido estallando ante las narices de los que han recurrido a la especulación criminal y los que por ambición han entrado en el juego de entregar su dinero ahorrado a cambio de más dinero, pero fácil, siguiendo la lógica de quien cuestiona alegremente el valor de las cosas y la moral de las finanzas.
viernes, 2 de mayo de 2014
LA MANO DE FÁTIMA.
Cada mañana suelo empezar el jornada en la vía verde. En invierno, con noches largas, espero el amanecer a la mitad del tramo. En mi coche, estacionado, orientado junto al camino. En las noches largas del invierno es dificil reconocer a los caminantes. Ahora, con los días más largos, se ve a la gente que, de tanto ir cada mañana, acabas conociendo. En general, los caminantes solitarios son amigables cuando se cruzan con otros, de los que acaban haciéndose conocidos.
Ahora la vía está a las siete y media llena de sol naciente, y la brisa fresca de la mañana mueve las copas de las acacias, arracimadas de flores, formando una cubierta blanca y verde a lo largo del recorrido, en un espectáculo de belleza desbordante.
En junio de hace dos años tuve que ingresarme en el hospital, por un dolor muy intenso motivado por una fractura vertebral. Me recibió una doctora amiga que siempre que me encuentra me echa un remiendo y ,con su buen hacer y su cercanía, me ayuda, nos ayuda a todos, quizás más de lo que su obligación le impusiera.
Me dejó en reposo en un box de urgencias. Me llevaron en una camilla a realizarme unas puebas. Para los que no estamos acostumbrados, encontrarte postrado en una cama con ruedas y que te lleven mirando al techo, viendo pasar los extintores de las paredes y las claraboyas, es un tanto incapacitante; entristecedor, quizás por la suerte de no haber tenido que ir y venir mucho en camilla hopitalaria, teniendo por todo horizonte el ruido de las ruedas y el techo de las galerías clínicas.
A la vuelta, enganchado a un gotero y con un tensiómetro automático apretándome el otro brazo, quedé esperando a que mi amiga consiguiera, una vez más, quitarme el intenso dolor de la espalda.
En el box de al lado había una joven pareja. Creo que estábamos apartados del resto de los enfermos por motivos bien distintos. En mi caso porque mi dolencia no era grave pero quedaba cerca del mostrador en que mi amiga iba estudiando papeles y dando instrucciones a los sanitarios. En el caso de los jóvenes del box contíguo, porque, como luego supe, esperaban para llevar a la chica al ala de medicina paliativa, pues, al parecer, su vida se le escapaba definitivamente.
En ese extremo del ala de urgencias, que tenía pocos enfermos por entonces, estábamos en relativo silencio. Reflexionaba para mi cómo nacer, morir, sufrir, vivir es tan importante y cómo nos engaña la edad, como dice la esfera del reloj falso de Florencia.
Pensaba en el dolor físico y en el dolor del alma. En lo insoportable que pueden ser ambos a veces, pero en la mayor dificultad para recuperarse de los desgarros del espíritu que de muchas dolencias del cuerpo.
Los pacientes de al lado estaban en silencio. Tenían un biombo que les daba cierta intimidad en su desgracia. La chica, en voz baja pero firme, sin expresión alguna de dolor, le pidió a quien la acompañaba:
---"Espérate. Quédate conmigo".
No oí respuesta alguna. Seguimos allí durante unas dos horas, hasta que me enviaron a casa. Mi amiga Ana no suele equivocarse; conmigo siempre acierta y si dijo que la chica estaba mal es que se le acababa la vida.
Aliviado por el dolor que había remitido me fui a casa (me vinieron a recoger) y no pude evitar mirar a través del biombo entreavierto. Un hombre joven, más alto que yo, delgado, con la cabeza rapada, tomaba la mano de una mujer que no pude ver, porque estaba inclinado sobre ella. Si ví su mano, pues me llamó la atención que llevara una pulsera inconfundible, lo que no es normal cuando te ingresan. Esperando para salir, pensaba en mi mejora y en la distinta circunstancia de la chica que agonizaba y de quién la acompañaba, que no sabría decir si era un amigo, un hermano, un novio o un esposo. El único consuelo que a ellos les quedaba no era más que una corta compañía mutua.
Hacía dos días que creía haberlos visto en la vía verde, pero había pensado que no era lo que creía más que una posibilidad remota que me mantenía confundido. Esta mañana, a las ocho, los he encontrado por segunda vez. He detenido el coche a la altura del sitio por el que iban a pasar y he visto, he escuchado a la pareja. Ella, con el mismo tono de las tres palabras que escuché, le decía a él que la esperara, pues el joven iba corriendo ligero por delante, pero juntos, como he descubierto esta mañana, aunque no reparé en ello el pasado martes.
El chico, con su cabeza rapada y más pálido de lo que recordaba, se ha vuelto sonriente; mientras ella le pedía que se acercara para tomar un trago de agua.
Cuando ha levantado la botella deportiva he visto su pulsera inconfundible con la mano de Fátima.
Están juntos.
Para celebrarlo os regalo un aria de Bach: "Bist du bei mir" (quédate junto a mi).
http://www.youtube.com/watch?v=6ZaJLvbue3Y
Ahora la vía está a las siete y media llena de sol naciente, y la brisa fresca de la mañana mueve las copas de las acacias, arracimadas de flores, formando una cubierta blanca y verde a lo largo del recorrido, en un espectáculo de belleza desbordante.
En junio de hace dos años tuve que ingresarme en el hospital, por un dolor muy intenso motivado por una fractura vertebral. Me recibió una doctora amiga que siempre que me encuentra me echa un remiendo y ,con su buen hacer y su cercanía, me ayuda, nos ayuda a todos, quizás más de lo que su obligación le impusiera.
Me dejó en reposo en un box de urgencias. Me llevaron en una camilla a realizarme unas puebas. Para los que no estamos acostumbrados, encontrarte postrado en una cama con ruedas y que te lleven mirando al techo, viendo pasar los extintores de las paredes y las claraboyas, es un tanto incapacitante; entristecedor, quizás por la suerte de no haber tenido que ir y venir mucho en camilla hopitalaria, teniendo por todo horizonte el ruido de las ruedas y el techo de las galerías clínicas.
A la vuelta, enganchado a un gotero y con un tensiómetro automático apretándome el otro brazo, quedé esperando a que mi amiga consiguiera, una vez más, quitarme el intenso dolor de la espalda.
En el box de al lado había una joven pareja. Creo que estábamos apartados del resto de los enfermos por motivos bien distintos. En mi caso porque mi dolencia no era grave pero quedaba cerca del mostrador en que mi amiga iba estudiando papeles y dando instrucciones a los sanitarios. En el caso de los jóvenes del box contíguo, porque, como luego supe, esperaban para llevar a la chica al ala de medicina paliativa, pues, al parecer, su vida se le escapaba definitivamente.
En ese extremo del ala de urgencias, que tenía pocos enfermos por entonces, estábamos en relativo silencio. Reflexionaba para mi cómo nacer, morir, sufrir, vivir es tan importante y cómo nos engaña la edad, como dice la esfera del reloj falso de Florencia.
Pensaba en el dolor físico y en el dolor del alma. En lo insoportable que pueden ser ambos a veces, pero en la mayor dificultad para recuperarse de los desgarros del espíritu que de muchas dolencias del cuerpo.
Los pacientes de al lado estaban en silencio. Tenían un biombo que les daba cierta intimidad en su desgracia. La chica, en voz baja pero firme, sin expresión alguna de dolor, le pidió a quien la acompañaba:
---"Espérate. Quédate conmigo".
No oí respuesta alguna. Seguimos allí durante unas dos horas, hasta que me enviaron a casa. Mi amiga Ana no suele equivocarse; conmigo siempre acierta y si dijo que la chica estaba mal es que se le acababa la vida.
Aliviado por el dolor que había remitido me fui a casa (me vinieron a recoger) y no pude evitar mirar a través del biombo entreavierto. Un hombre joven, más alto que yo, delgado, con la cabeza rapada, tomaba la mano de una mujer que no pude ver, porque estaba inclinado sobre ella. Si ví su mano, pues me llamó la atención que llevara una pulsera inconfundible, lo que no es normal cuando te ingresan. Esperando para salir, pensaba en mi mejora y en la distinta circunstancia de la chica que agonizaba y de quién la acompañaba, que no sabría decir si era un amigo, un hermano, un novio o un esposo. El único consuelo que a ellos les quedaba no era más que una corta compañía mutua.
Hacía dos días que creía haberlos visto en la vía verde, pero había pensado que no era lo que creía más que una posibilidad remota que me mantenía confundido. Esta mañana, a las ocho, los he encontrado por segunda vez. He detenido el coche a la altura del sitio por el que iban a pasar y he visto, he escuchado a la pareja. Ella, con el mismo tono de las tres palabras que escuché, le decía a él que la esperara, pues el joven iba corriendo ligero por delante, pero juntos, como he descubierto esta mañana, aunque no reparé en ello el pasado martes.
El chico, con su cabeza rapada y más pálido de lo que recordaba, se ha vuelto sonriente; mientras ella le pedía que se acercara para tomar un trago de agua.
Cuando ha levantado la botella deportiva he visto su pulsera inconfundible con la mano de Fátima.
Están juntos.
Para celebrarlo os regalo un aria de Bach: "Bist du bei mir" (quédate junto a mi).
http://www.youtube.com/watch?v=6ZaJLvbue3Y
viernes, 18 de abril de 2014
CREACIÓN IMPERFECTA
Acabo de terminar la lectura de un magnífico libro de Gleiser sobre la imperfección desde el punto de vista científico de todo lo que se considera creado conforme a un plan ("Criação imperfeita", editorial Saraiva) . El autor brasileño viene a demostrar que todo cuanto existe es simplemente la consecuencia de un azar dinámico e irracional, cuyas reglas apenas hemos empezado a desentrañar. Puedo estar de acuerdo en lo de nuestra ignorancia. No tanto en que, admitiendo ésta, podamos concluir que somos, que todo es una creación imperfecta. El propio concepto de creación o de imperfección implica tales matices que seríamos incapaces de ponernos de acuerdo siquiera en un superficial debate nominalista.
Otras creaciones, consideradas imperfectas por algunos, me hacen pensar más; aunque sea de pasada. Digo esto porque hoy ha venido a verme mi amigo Augusto, que está loco. Es amigo desde hace muchos años y pese a su deterioro mental se aprecia su bondad; es muy inteligente pero no puede dejar su cerebro en el límite de lo estrictamente racional. Augusto es capaz de razonar de manera meticulosa pero, de pronto, desbarra y se pierde en lo que para una persona sana son meras elucubraciones, ensoñaciones demenciales, asuntos en los que ni se repara ni a los cuales se presta atención. Tiene lagunas de memoria, olvidos sobrevenidos por efecto de la continua medicación a la que ya es adicto.
Augusto es capaz de haber escrito libros de mecánica y pudiera tener un cociente intelectual altísimo pero asociado a lo que se entiende como una personalidad enferma. Está incapacitado, esto es, está muerto legalmente en vida, no puede comprar, no puede contraer matrimonio, no puede enajenar bienes y solo tiene derecho a 150 euros al mes que gestiona una entidad que lleva su curatela. Ha venido a verme por nada. Estas son las mejores visitas. Enseguida se ha marchado, porque consideraba que me hacía perder el tiempo. Creo que solo quería que escuchara cómo le iba la vida, porque ahora, un poco mejor, está en el hospital de día. Como creación imperfecta ha estado encerrado en el psiquiátrico mucho tiempo. Me ha dado su nuevo número de móvil que, según él, no le tienen intervenido, pues dice que oye la voz de los que le tienen pinchado el teléfono. Desde su mundo, es mucho mejor que otros lo somos desde la vertiente racional de la vida.
Si todos tenemos por ley el derecho a la igualdad, nadie hay más desigual que las personas discapacitadas y, de entre ellas, los discapacitados mentales naturales o jurídicos.
Vivimos en una sociedad demasiado estructurada, tal vez por suerte; he de admitirlo. La perfección de nuestra sociedad, en esto, radica en que de una vez debemos dejar, como algo intocable, la ayuda institucional a los más débiles de entre los nuestros, los que dependen de nosotros más de lo que todos dependemos de todos, nuestros dependientes, sin perder de vista que la ayuda es para quien los cuida, pero también y especialmente para ellos.
Vivimos en una sociedad demasiado estructurada, tal vez por suerte; he de admitirlo. La perfección de nuestra sociedad, en esto, radica en que de una vez debemos dejar, como algo intocable, la ayuda institucional a los más débiles de entre los nuestros, los que dependen de nosotros más de lo que todos dependemos de todos, nuestros dependientes, sin perder de vista que la ayuda es para quien los cuida, pero también y especialmente para ellos.
Hace años, durante un curso que hice en Valencia reparé en algo extraño. Me preguntaba porqué esa ciudad no tenía niños, quizás porque me acordaba de mis hijas. No los vi, día tras día, porque estaban en la escuela. Ahora, en vacaciones, los niños escapan de casa y, si no tenemos donde aparcarlos, vuelven a la calle a jugar y a generar molestias a los ancianos, que son generalmente los más quejicosos. Cuando empieza el curso desaparecen otra vez.
Lo mismo sucede con los discapacitados. El domingo, por una calle vacía de coches tras el paso de una procesión, encontré a Manolín, un hombre de mi edad que sufre un retraso mental oligofrénico. Su alma no ha envejecido. Sigue siendo un niño. Con voz de hombre se dirigía, vocalizando como un crío, hacia el joven que lo retiraba del paso procesional. Debiera de ser su sobrino, por parecer bastante más joven que él y guardar cierto parecido físico. Cuando éramos chicos solíamos encontrarnos para compartir su compañía; era amigo de mi hermano menor aunque era mayor que nosotros, porque, a cierta edad, tres o cuatro años más se notan mucho en el desarrollo físico. Lo recordaba más alto y es que lo era respecto de mi cuando compartíamos la infancia y cuando dejé de verlo. Me ha sorprendido volver a dar inesperadamente con él y me he alegrado para enseguida entristecerme. Recuerdo que se le caía el moco y su madre le solía pasar un pañuelo para limpiarle la baba, de forma mecánica pero llena de resignado cariño. Hoy sigue igual.
Como a todos los grandes discapacitados, para el desahogo de la familia, a Manolín lo tienen internado en un centro de otra provincia y la familia lo recoge en época de vacaciones, no sé si porque cierran el Centro o porque entonces tienen tiempo para traerlo a su lado. Eso creo porque es lo que sucede en otros casos que conozco mejor. Está bien, siempre que no se pierda de vista que la ayuda es necesaria y que debe servir para cohesionar a las familias y, en todo lo posible, integrar a quien la recibe.
No aguantamos las creaciones imperfectas; eso pienso algunas veces. Nos quitamos de encima a quienes van a nacer con una discapacidad, a los enfermos mentales, a los viejos, a los débiles. Incluso los niños están aparcados todo el tiempo para que los padres tengamos tiempo que dedicar al trabajo que no nos permitirá tener hijos a los que dar el producto de lo que hacemos. Hasta los niños, por no estar maduros, son creaciones imperfectas. No dejamos de quererlos, pero nos entorpecen la vida cotidiana.
Siempre que veo un gran discapacitado recuerdo una película antigua, en blanco y negro, titulada en español "La parada de los monstruos" ("Freaks" en inglés, simplemente) en la que un grupo de actores, de veras tarados genéticamente, interpretan unos magníficos papeles en el film, con un argumento que trascurre en un circo, lugar en el que solían acabar para su exhibición toda clase de anormales presentados como engendros de feria. El tema de la película debiera hacernos pensar, porque la altura moral de los personajes se mantiene solo respecto de los contrahechos reales que participan en la película y seguramente encontraron en algún cottolengo, esos hospitales de caridad donde iban a parar los que hoy elimina la eugenesia. Los personajes perfectos, hermosos, inteligentes son los caracteres de la obra realmente malvados.
Lo mismo sucede con los discapacitados. El domingo, por una calle vacía de coches tras el paso de una procesión, encontré a Manolín, un hombre de mi edad que sufre un retraso mental oligofrénico. Su alma no ha envejecido. Sigue siendo un niño. Con voz de hombre se dirigía, vocalizando como un crío, hacia el joven que lo retiraba del paso procesional. Debiera de ser su sobrino, por parecer bastante más joven que él y guardar cierto parecido físico. Cuando éramos chicos solíamos encontrarnos para compartir su compañía; era amigo de mi hermano menor aunque era mayor que nosotros, porque, a cierta edad, tres o cuatro años más se notan mucho en el desarrollo físico. Lo recordaba más alto y es que lo era respecto de mi cuando compartíamos la infancia y cuando dejé de verlo. Me ha sorprendido volver a dar inesperadamente con él y me he alegrado para enseguida entristecerme. Recuerdo que se le caía el moco y su madre le solía pasar un pañuelo para limpiarle la baba, de forma mecánica pero llena de resignado cariño. Hoy sigue igual.
Como a todos los grandes discapacitados, para el desahogo de la familia, a Manolín lo tienen internado en un centro de otra provincia y la familia lo recoge en época de vacaciones, no sé si porque cierran el Centro o porque entonces tienen tiempo para traerlo a su lado. Eso creo porque es lo que sucede en otros casos que conozco mejor. Está bien, siempre que no se pierda de vista que la ayuda es necesaria y que debe servir para cohesionar a las familias y, en todo lo posible, integrar a quien la recibe.
No aguantamos las creaciones imperfectas; eso pienso algunas veces. Nos quitamos de encima a quienes van a nacer con una discapacidad, a los enfermos mentales, a los viejos, a los débiles. Incluso los niños están aparcados todo el tiempo para que los padres tengamos tiempo que dedicar al trabajo que no nos permitirá tener hijos a los que dar el producto de lo que hacemos. Hasta los niños, por no estar maduros, son creaciones imperfectas. No dejamos de quererlos, pero nos entorpecen la vida cotidiana.
Siempre que veo un gran discapacitado recuerdo una película antigua, en blanco y negro, titulada en español "La parada de los monstruos" ("Freaks" en inglés, simplemente) en la que un grupo de actores, de veras tarados genéticamente, interpretan unos magníficos papeles en el film, con un argumento que trascurre en un circo, lugar en el que solían acabar para su exhibición toda clase de anormales presentados como engendros de feria. El tema de la película debiera hacernos pensar, porque la altura moral de los personajes se mantiene solo respecto de los contrahechos reales que participan en la película y seguramente encontraron en algún cottolengo, esos hospitales de caridad donde iban a parar los que hoy elimina la eugenesia. Los personajes perfectos, hermosos, inteligentes son los caracteres de la obra realmente malvados.
Esta producción generó un escándalo cuando se proyectó allá por los años 30 del siglo pasado; en algunos países se prohibió y solo a partir de los 70 se ha considerado una obra de culto. En ella se hería la sensibilidad de los bienpensantes que consideraban una ignominia la mera exhibición de ciertas personas, no sé si por motivos éticos o estéticos. Ya en el antiguo Derecho Romano, a los que nacían deformes se les consideraba "monstrua" y no personas. En el film, ellos mismos hacen piña bajo el lema "quien ataca a uno de los nuestros, ataca a todos", y con ese argumento se organiza la venganza por la traición que sufre el protagonista (no cuento más...).
Lo mismo me decía; ellos son los nuestros y tenemos que protegerlos más por eso y por todo.
En eso pensaba cuando veía alejarse a Manolín, a quien quizás ya no vuelva a ver. Patizambo y grandullón, del brazo de quien cuidaba de él. Mocoso e inocente.
En eso pensaba cuando veía alejarse a Manolín, a quien quizás ya no vuelva a ver. Patizambo y grandullón, del brazo de quien cuidaba de él. Mocoso e inocente.
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