miércoles, 11 de marzo de 2015

YIHAD (2). 11-M

Dice Alain Finkielkraut en su libro "La identidad desolada", que en Francia, desde el laicismo, hasta el catolicismo o el protestantismo, todos cedieron ante la presión musulmana renunciando al intento de evitar signos externos de religiosidad en los colegios.

No es ese solo el problema de Francia; es un problema que en nuestra sociedad ha ocasionado el relativismo moral; la duda de lo que es bueno o malo, de lo que es libertad u opresión. Es la aceptación del empuje de una cultura, como la musulmana, que carece de esas dudas de bienpensante y considera que la cultura occidental, de origen cristiano, y antes grecorromano y después judía, es pura decadencia. Es olvidar  el simple hecho de que la cultura occidental  ha venido a desembocar en la renuncia acomplejada de sus raíces, que ha sido siempre la lucha por la libertad individual, la garantía de los Derechos Humanos y el florecimiento del pensamiento social liberal; fruto de la Ilustración y de las revoluciones liberales u obreras.

Tal vez sirva para explicar el motivo de todo, la afirmación de Lewis, que en su libro "Crisis of islam", asegura que en 20 años o menos, se traducen al español tantos libros  como se han traducido al árabe en un milenio.

Nuestro relativismo hace que dudemos de ciertos principios que debieran ser dogmas irrenunciables, haciendo frente a quien hiciera falta para defender esa herencia occidental que arranca del judeocristianismo, el helnismo, el romanismo y la ilustración. Como la libertad de expresión que, florece, naturalmente, con la comunicación, la apertura cultural, la impresión de libros o el intercambio de ideas.

Se habla mucho ahora del "Charlie Hebdo", pero mucha gente no sabe que en otro incidente de este periódico de impresentables contra los musulmanes, el presidente de la República Francesa, Jacques Chirac, animó a la Gran Mezquita de París y a la unión francesa de organizaciones islámicas, a demandar al semanario satírico, ofreciendo, incluso, los servicios de su abogado personal para ejercer acciones contra el  semanario satírico. Acciones legales....

No se recuerdan los mismos miramientos en casos similares de ofensas al cristianismo, frecuentísimas, incluso en nuestro país, donde algún intelectual artístico de postín coció en una olla un crucifijo, como parte de su espectáculo.

Atacamos nuestras raíces y tememos enfrentarnos a lo que en la mentalidad de un europeo ilustrado es la propia barbarie, aceptando que una parte muy importante de la población viva bajo ese yugo, y muy especialmente, las mujeres. Y el problema es la torpeza de los políticos occidentales al identificar al aliado musulmán en el que apoyar la apertura y el acercamiento de la fe a la razón, lo que, por cierto, no es nada fácil de dilucidar.

En el anterior caso de las caricaturas del Profeta en Dinamarca, era vergonzoso ver a Javier Solana, como representante de la UE, acudir de capital  en capital, por los países árabes,  pidiendo excusas por las ofensas sufridas por los musulmanes con motivo de las caricaturas (la caricatura, pues fue una a la que se añadieron otras para echar más leña al fuego, por parte de los presuntos "ofendidos"). Nos olvidamos de este incidente.

Era triste ver la postura del super Carrefour, en aquella época, asegurando en su publicidad que ellos no vendían productos daneses. Tampoco recordamos esto.

Y olvidamos a los nuestros. Hoy, casi nadie ha recordado a las víctimas del Yihad que se convirtieron en mártires sin voluntad de serlo. Todo el mundo recuerda la vergonzosa división interna del país con los cuerpos aún por recoger, la inculpación del Gobierno por parte de la oposición y la vinculación del hecho a la Guerra de Iraq.

Y es vergonzoso recordar como con motivo de los atentados, muy parecidos a los del 11-M, del 7-J de Londres, Gobierno y Oposición hicieron piña para afrontar lo que era un ataque al núcleo de la convivencia democrática.

Mi amigo Albiñana., con su natural inteligencia, me explicaba ayer que el origen de todo es no solo la cultura ajena a las raíces europeas de los yijadistas, sino que a eso hay que añadir el asunto del petróleo. Y lleva razón. Estima Weigel que desde la II Guerra Mundial, occidente ha invertido en oriente medio dos billones de dólares, de los que, entre 70.000 y 100.000 millones han sido invertidos por Arabia Saudí en extender el wahabismo.

No hay mayor ciego que el que no quiere ver. Ni mayor torpe que el que no quiere recordar.

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