domingo, 5 de abril de 2015

PROGRAMA DOBLE. MARIE HEURTIN Y PRIDE

 Ayer tuve ocasión de ver, en una sala vacía, un extraordinario film dirigido por Jean-Pierre Améris que recrea la historia de Marie Heurtin, niña sordomuda y ciega que es recibida en una institución ubicada en Larnay, Francia, para atender, a principios del siglo pasado, a niños sordomudos.

 Tengo entendido que la película se basa en la vida de esta niña, que fue estudiada por el profesor de la Universidad de Poitiers, Louis Arnould, en su obra "Une âme en prison" ("un alma en prisión). Viendo la película, se entienden los motivos  de la familia que tenía a la hija dejada de la mano de Dios, pues era imposible comunicarse con ella y menos hacerla entender; ya no solo las reglas básicas de conducta, sino, siquiera, conceptos concretos asociados a objetos particulares. Era imposible comunicarse con un alma encerrada en un cuerpo que no podía tener nada en común con los que la rodeaban. Conocía el mundo externo por el tacto y el olfato y no era posible que pudiera entender que el contacto con el exterior fuera unas veces amistoso, otras hostil o, simplemente, social. Era, como decía la Superiora del colegio, posiblemente un alma incapaz de haber desarrollado una mente que no fuera pura deficiencia.

Ya es difícil comunicarse. Lo es mucho más con los que, al no oír, no han podido tener conocimiento de los sonidos externos y, ni siquiera, de su propia voz. Cómo hablar cuando no oyes lo que estás diciendo es el reto de comunicarse con los mudos que, en realidad, son sordos (de pasada diré, no obstante, que hay muchos considerados personas normales que oyen lo que dicen pero no lo piensan). Añadamos a esto la dificultad de no poder ver; cómo enseñar el lenguaje de signos cuando el que tiene que aprenderlo ni siquiera puede verlo. Cómo enseñar a entender a quien ni puede ver ni puede oír, ni puede hablar para establecer una básica comunicación.

Aprender idiomas extranjeros, después de lo que Soeur Sainte-Marguerite consiguió con Marie Heurtin, antes de la prematura muerte de la monja, es algo absolutamente insignificante. La palícula, por motivos de simplificación del argumento y dramaticidad, plantea el problema de forma quizás demasiado tierna, pero lo cierto es que, como explica el profesor, no era el primer caso de sordomudos ciegos que tuvieron que afrontar en el colegio, sino el segundo; lo llamativo era que, careciendo de método, la encargada de Marie, con infinito amor, con infinita paciencia, acaba haciendo entender a una adolescente incomunicada con el mundo desde su nacimiento, qué era el pan, qué eran las uvas, qué era un cuchillo, qué mucho o poco, qué era alegría o tristeza, qué era la vida (esto lo explica con el símil del aliento percibido por el tacto), qué era la muerte y qué es Dios.

Marie, que antes estuvo en un asilo para deficientes mentales, fue recuperada para el mundo por la fuerza del alma y el infinito amor constante de Soeur Sainte-Marguerite. La monja, con total acierto, llamaba a María la hija de su alma; ya que, aunque no la trajo al mundo por un parto, la recuperó para el mismo a través del amor.

Impresiona pensar lo que pueda ser nacer y permanecer toda la vida encerrado en uno mismo hasta que alguien trae luz desde fuera; la luz del conocimiento; lo más llamativo resulta ser que el alma encerrada en ese cuerpo era totalmente sensible e inteligente, pese a la total carencia del necesario desarrollo intelectual de la primera infancia y de la socialización familiar y escolar.

No explico más por no desentrañar la película que recomiendo mucho. Sólo aconsejo que se repare en la interpretación de las actrices y el discurso audiovisual representado por los sentidos.

La otra película de la tarde de ayer fue "Pride", orguyo, dirigida por Mattew Warchus, con guión de Stephen Beresford. Relata el pacto, no carente de dificultades, entre unos activistas gays y unos mineros galeses en la durísima época de los ajustes thacheristas.

La película está muy bien traída a esta época de crisis que sólo tiene como alternativa, no hay que dudarlo, el conocimiento, el entendimiento y la solidaridad.

La solidaridad, proveniente de quien menos puedes esperar; la comprensión igualmente.

Es el argumento de la película; un grupo delirante de homosexuales, heterogéneo y sectario, acaba haciendo propia la causa de los mineros galeses, la contrarreferencia de lo que pudiera ser un gay de los años 80 del siglo pasado.

Con desternillantes momentos de risa, tanto por las conversaciones inteligentísimas de los descreídos activistas homosexuales, que permanentemente toman como objeto de burla y cuestión la moral mayoritaria tanto como a ellos mismos. Las mismas escenas de disparatado humor pueden apreciarse en la conducta de una parte de los mineros; al principio recalcitrantes enemigos de recibir esa clase de vergonsozo apoyo.

La mediación entre ambos grupos viene, inesperadamente, de unas mujeres ancianas y desinhibidas que dan una lección de empatía, entendimiento y reconocimiento de la generosidad de los miembros del LGSM (Lesbianas y Gays Secundan a los Mineros), al tiempo que desde su sabia autoridad provinciana galesa, acercan a ambos grupos desde el conocimiento que los años y el hecho de ser mujer va haciendo al ser humano ir desprendiéndose de prejuicios y descubriendo a la persona, muchas veces las buenas personas, que hay en el que es distinto a nosotros.

Resulta llamativo que a los homosexuales quien mejor los entendían eran las mujeres, quizás por la natural inteligencia de éstas y por su posición subordinada respecto de los hombres, sobre los que, no obstante, ejercen una influencia crítica.

Como argumentos secundarios, aparecen los casos de tremendas dificultades de los miembros de ambos grupos; unos al límite de la resistencia cuyas cajas vacías los volvían indignos al tener que aceptar ser apoyados por unos "pervertidos" y mantenidos por sus mujeres; los otros, por la inmensa dificultad de entenderse en el grupo, en sus respectivas parejas homosexuales o con sus familias por parte de los que tuvieron que romper relaciones o no se atrevían, en su juventud y en los años 80, a salir del armario.

El proceso de encuentro, al principio con un razonable rechazo por parte de los mineros, la muestra de generosidad de unos y de grandeza de corazón de otros, con escenas de gran dureza afectiva por la incomprensión como elemento de aislamiento, y el drama de las movilizaciones mineras al tiempo que el SIDA se iba llevando a los mejores y más jóvenes, es el telón de fondo de esta increíble historia sobre la tragedia de la vida y el triunfo del encuentro entre los distintos.

Recomiendo ver tranquilamente ambas películas, que tienen en común el argumento de la ayuda abnegada del otro desde el desinterés que la altura ética provoca en los que acaban, por sus obras, siendo los mejores.

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